El museo de los errores: el Real Zaragoza acaricia la Primera RFEF
Ningún 10 de mayo pareció tan triste como el que vivimos ayer. 31 años después de tocar el cielo de París, el Real Zaragoza acaricia el infierno, cada vez más próximo a Primera RFEF. Valladolid pudo ser media sentencia, por mucho que esta categoría ofrezca hoy una réplica. Prórrogas al margen, ningún descenso podría parecer tan triste o trágico. Tampoco menos sorprendente.
El Real Zaragoza acumula dos décadas de derrotas. Dejó deudas en el banco y todavía más grandes entre su afición. Cambió de propiedad y siempre fue a peor. Repitió sus errores del pasado y quebrantó una ley universal: si no sabes de dónde vienes, tampoco sabes a dónde vas.
David Navarro venció al llegar y reactivó al Zaragoza en el juego, el mensaje y el plano emocional. Supo darle naturalidad al equipo y ganar tres partidos que no estaban en las cuentas de nadie.
Pero cuando el calendario se apretó, el equipo se derrumbó por completo y perdió la plenitud de sus mejores piezas. El guion de sus partidos exigió mandar y el Zaragoza no supo improvisar. Le fue mejor siendo toro que torero.
En el catálogo de las derrotas entraron errores individuales imperdonables, lesiones y renuncias. También algunos arbitrajes cuestionables y, fundamentalmente, muchos puntos perdidos sobre la bocina. La estrategia fue otra tortura y el peor signo de un equipo al que le faltó inteligencia competitiva. El balance anticipa su última tragedia: 2 puntos de 21 posibles.
Tres partidos más
La vida del Zaragoza es hoy el préstamo de otros: el Cádiz se ha empeñado en que nadie perdería tanto como él. El descenso no está consumado y restan tres partidos para un desenlace que parece inevitable.
Las matemáticas ofrecen hoy más razones de las que deja el fútbol. El 11 de mayo puede ser dos cosas. Una visita al museo de los errores o un día para creer en Los Reyes Magos.

