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Gestas, ilusiones y caídas de bronce

La remodelación del tercer escalón del fútbol español dificulta el regreso al profesionalismo de muchos equipos aragoneses

Más allá de Huesca, Real Zaragoza y su propio filial, pocos han sido los equipos aragoneses que han estado relativamente cerca del profesionalismo en lo que llevamos de siglo. Ardua tarea será que lo vuelvan a estar con la remodelación de categorías que se ha sacado de la manga la RFEF, pero oye, “que nos quiten lo bailao”, que diría Julio Sosa.

Poco nos cuesta enlazar al CD Ebro con la tercera categoría del fútbol español tras cinco temporadas reivindicando una gestión sobresaliente y haciendo soñar al barrio de La Almozara con cotas inimaginables. Tampoco nos queda lejos el ascenso de la SD Ejea, con la franela de Néstor Pérez conjurando al ‘gusanito mecánico’ en un play-off para el recuerdo. Tarazona suena ahora a Segunda B, aunque todavía no ha podido teñir el Municipal de rojo para alentar a los suyos.

Sariñena, La Muela, Teruel o Andorra también han gozado de una plaza en la categoría de bronce durante esta última década. Antes de ellos, fueron otros tantos quienes llevaron la cuatribarrada aragonesa por la geografía española.

El arranque de siglo trajo buenas noticias a los poco más de 1.000 habitantes de Figueruelas. Reconocida por la planta de la Opel, que da trabajo a más de 5.400 trabajadores, la localidad zaragozana jamás olvidará la temporada 99/00.

El Figueruelas de Rúa

Tras tres campañas sobresalientes en Tercera División, el modesto CF Figueruelas se estrenaba en Segunda B de la mano del ‘profe’ Paco Rúa: “Fue sorpresa para algunos, pero el proyecto se confeccionó para lograr el ascenso”. Su estancia en la categoría de bronce duró tan solo una campaña (19º con 33 puntos), pero dejó estampas y momentos para el recuerdo en el imaginario colectivo de los figueruelanos: el disfrute en las gradas de San Isidro, la primera victoria ante el Real Valladolid B (1-2), la visita de clubes históricos como Burgos, Barakaldo o Real Unión de Irún…

El sueño no pudo prolongarse una temporada más, pero lo cierto es que el Figueruelas se despidió de la categoría con honores: ya descendido, goleó al Izarra (5-0), venció al Zaragoza B en la Ciudad Deportiva (0-1) y empató contra el líder, la Gimnástica Torrelavega (2-2). “Éramos inexpertos en la categoría, pero nos quedamos cerca de la salvación. Fue una magnífica temporada de una plantilla muy joven con jugadores que luego llegaron al fútbol profesional”, rememora Rúa.

Pocos podían adivinar lo que pasaría 9 años después, concretamente en 2008. Coincidiendo con su descenso a Regional Preferente, el club anunciaba su desaparición, dejando a Figueruelas huérfano de fútbol 11. En su legado, haber sido la localidad más pequeña de toda la historia de Segunda B. Paco Rúa, piloto de aquella nave, recuerda con cariño las tardes de fútbol en San Isidro: “Era una población muy pequeña, teníamos pocos socios, pero todos estaban muy ilusionados y contentos con lo vivido”.

A más de uno le puede sorprender que un club que en los últimos años tan solo ha podido batallar por estar en la zona media de Tercera División, sea el cuarto representante aragonés con más participaciones en Segunda División B. Hasta 13 temporadas repartidas en 3 etapas anduvo el Binéfar codeándose con transatlánticos de la categoría de bronce. La última, un lustro que arrancó con una campaña de ensueño: la 97/98. El CD Binéfar, dirigido por David Rodrigo, completó la mejor temporada de su historia, alzándose como campeón nacional de la Copa Federación y ascendiendo a Segunda B ante el Castro cántabro.

La bonanza de Binéfar

Eran tiempos de bonanza para el balompié en la localidad binefarense. Siempre al filo del precipicio, el club logró 4 permanencias consecutivas en el tercer escalón del fútbol español (incluida una en el play-out de descenso). Sabadell, Real Unión, Logroñés, Barakaldo o Burgos, clásicos de Segunda División, hincaron la rodilla en el viejo Segalar, con una marea celeste entregada a su equipo. Durante estos años, pasaron por el CD Binéfar desde ilustres del fútbol aragonés como Quique Falcón, Miki Izquierdo, Iñigo Pérez o Lalo Arantegui, ex director deportivo del Real Zaragoza; hasta entrenadores como Paco Rúa, que volvió a sentarse en un banquillo de bronce tras su gesta con el Figueruelas.

Aunque si hay un nombre que jamás se olvidará, ese es el de Agustín Abadía Plana. Espigado y de estilo inconfundible, el carismático centrocampista binefarense llevó el nombre de su pueblo por todo el país, jugando 9 temporadas en Primera División y convirtiéndose en leyenda del CD Logroñés. Durante la recta final de su carrera como futbolista contribuyó en el ascenso y posterior permanencia del Binéfar desde el campo, pero es que también dirigió al equipo hacia otras dos salvaciones, ya desde el banquillo.

Todo sueño tiene su final, y este llegó en la 02/03, temporada en la cual el CD Binéfar consumó su vuelta a Tercera tras lograr una sola victoria en sus últimos 21 partidos, quedándose a 21 puntos de la salvación. Desde entonces, el viejo Segalar dio paso a Los Olmos, el club cayó al pozo de la Regional Preferente y, pese a consolidarse de nuevo en Tercera, aquellos años dorados parecen lejos de repetirse.

En el ‘Casetero’ a Segunda B

Pocas personas mejores que Óscar Valero para rememorar el segundo ascenso– y último hasta ahora- del Casetas a la categoría de bronce del futbol español. Era el año 2003, el Teruel se quedaba fuera del play-off y el Fraga negaba a la SD Huesca la corona de la Tercera aragonesa. Cómo hemos cambiado.

El club hizo un esfuerzo ese año, se trajeron 6 o 7 jugadores de fuera y había un buen equipo”, comenta Valero al mismo tiempo que recuerda las paradas de un joven Manu Herrera, que acabaría siendo portero del Real Zaragoza más de una década después.

El Casetas finalizó la temporada en tercera posición, antesala de un play-off largo pero sobresaliente. Mentalizados de poder conseguirlo, los de José Ignacio Soler fueron avanzando eliminatorias hasta tumbar a una exigente Real Sociedad B en la final. San Miguel fue un fortín inexpugnable. Ascenso conseguido.

Óscar Valero, por aquel entonces con tan solo 17 años, pone en valor aquel grupo humano que tanto le ayudó a crecer: “¿Las claves? El vestuario, sin duda. Hicimos una piña espectacular. No había ninguna “estrella” ni ningún jugador de renombre. La palabra equipo puede resumir ese año”.

Una vez en Segunda División B, la fortuna dio la espalda a la UD Casetas, que fue empujada al “grupo de la muerte”: Real Madrid Castilla, Atlético B, Mirandés, Cultural Leonesa, Ponferradina, Burgos o Compostela eran algunos de los equipos que acompañaron al modesto club zaragozano en su breve viaje por la categoría. Toché, Aduriz, Soldado o David Barral empezaban a destaparse como los “killers” del futuro.

“Nosotros éramos el presupuesto más bajo de la categoría, con muchos jugadores compaginando el fútbol con otros trabajos. Eso al final se nota”. Y tanto se notó, que los caseteros acabaron en la 17ª posición con 35 puntos, consumando su vuelta a Tercera. Eso sí, el barrio se volcó con el equipo: San Miguel vistió sus mejores galas y lució lleno durante buena parte de la temporada.

Han pasado 15 temporadas desde entonces, y la película ha cambiado bastante. La UD Casetas celebró su centenario el pasado año. Lo hizo en Regional Preferente, categoría en la que lleva atrapada desde 2019. El presente no es el deseado, pero el pasado ya no lo borra nadie. Óscar Valero lo tiene claro: “Casetas fue mi punto de partida. Estoy muy agradecido al club y a José Ignacio Soler por la confianza que me dio con 18 años. Gracias a aquello pude cumplir después mi sueño: debutar con el Real Zaragoza”.

El fugaz viaje del Barbastro

26 de mayo de 2006. 15 años después, la UD Barbastro regresa a Segunda División B. Lo hace de la mano del entrenador aragonés de moda: David Navarro. El Noja cántabro no tiene opción ante un equipo correoso en las transiciones y agresivo en la presión desde todas sus líneas. Lleno hasta la bandera, el Municipal acoge a más de 4000 almas que llevan en volandas a los barbastrenses.

“El que la sigue, la consigue”, reza el refranero multilingüe, y el caso de David Navarro lo demuestra. Tras dos play-offs frustrados con el Utebo, el técnico zaragozano asumió convencido las riendas del Barbastro en noviembre: “El equipo era undécimo, pero el objetivo era ascender desde hacía varias temporadas. La plantilla estaba equilibrada y el estilo de juego le venía como anillo al dedo”. Bajo su dirección, el conjunto del Somontano se acabó sacando la espina que tenía clavada

La ciudad estaba desbordada por la ilusión, pero su vuelta a la categoría de bronce no iba a extenderse más allá de aquella temporada. “Nos faltó ser profesionales para poder tener opciones hasta el final. Entrenábamos a las ocho de la tarde después de terminar la jornada laboral. Excepto 5 o 6 jugadores, el resto seguíamos con la dedicación de Tercera”, rememora Navarro de un curso que, eso sí, sirvió de trampolín a jugadores como Paco Borrego, Edu Navarro o uno de los mejores delanteros que ha dado Aragón en los últimos tiempos: Miguel Linares.

El Barbastro acabó colista con 33 puntos, a 12 de la salvación. El Barcelona B le acompañaba en el descenso para, dos años después, celebrar su vuelta a Segunda B en el Municipal barbastrense. Su entrenador era Guardiola y ya asomaban la cabeza futuros campeones del mundo como Busquets o Pedrito. El fútbol da muchas vueltas.

Tantas vueltas da, que David Navarro ha tenido la oportunidad de resarcirse de aquella temporada en Segunda B. Ahora el Municipal que vibra al son del técnico zaragozano no es el de Barbastro, sino el de Tarazona. Pizarra en mano y picando piedra desde abajo, ha logrado poner a los turiasonenses en el mapa futbolístico tras varios años de intentonas fallidas.

El aragonés de bronce: Iván Martínez

Si hablamos de Segunda División B, el actual entrenador del Deportivo Aragón es un experto en la materia. Nacido en Zaragoza hace 38 años, Iván Martínez defendió la elástica de hasta 5 equipos aragoneses en la tercera categoría del país: Zaragoza B, Casetas, Barbastro, La Muela y Sariñena.

Su debut, en la 2001/02, llegaría de la mano del filial zaragocista. Aquel vestuario reunía jugadores de la talla de Cani, Sergio Pelegrín, Chechu Dorado o Generelo y estaba dirigido por Manolo VIllanova. “El filial del Real Zaragoza era uno de los más potentes a nivel nacional en aquella época. Éramos un equipazo, un proyecto consolidado en la categoría”, rememora Martínez de un conjunto que acabó la liga en tercera posición.

Especial recuerdo tiene también de la figura José Ignacio Soler durante su paso por el Casetas: “Fue uno de los entrenadores que más me ha marcado. Con todas las limitaciones que había en el club, ponía todo de su parte para mejorar a todos los niveles”. De su etapa en Barbastro destaca la profesionalidad de David Navarro en una temporada en la cual “el aspecto económico no acompañaba”.

Un denominador común en todos los equipos no filiales en los que estuvo, es el apoyo incondicional de la afición: “Aunque hubiera rachas de malos resultados, la gente siempre estaba con nosotros. El año del ascenso con La Muela fue tremendo. Solo puedo quitarme el sombrero ante las 4 aficiones”.

Mucho ha cambiado la película desde entonces. Ahora son más las alegrías que las decepciones en clave futbolística. “Se está logrando profesionalizar la estructura de muchos clubes. La inversión económica es cada vez mayor y eso hace que equipos como Ebro, Ejea o Tarazona se hayan consolidado”, afirma Iván Martínez, que ahora se centra en potenciar una cantera cada vez más presente en el primer equipo del Real Zaragoza.

Tarazona, Ebro, Teruel, Ejea, Huesca B y el sorprendente Brea estrenarán la Segunda RFEF, cuarto escalón del fútbol español. La clase media del balompié aragonés sigue lejos de la entrada al profesionalismo, pero el acento maño se escucha cada vez más fuerte en los aledaños de sus puertas.

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