Procedente del Juventud, llegó al equipo de su vida en edad de juveniles. Y poco tiempo después, se hizo con un hueco en un equipo legendario. En Los Magníficos, Violeta era el pulmón necesario, el futbolista que todo lo abarcaba. Atento a los consejos de Lapetra, vivió en su propia piel el esplendor de un equipo campeón. Sumó dos Copas del Rey y una Copa de Ferias. Severino Reija le acompañó en esos triunfos y definió para SPORTARAGON las cualidades del León de Torrero en el 90 aniversario del club: “Violeta era un jugador extraordinario. Tenía unas facultades físicas extraordinarias. La afición lo quería tanto que él decidió quedarse para siempre en Zaragoza”.
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Su leyenda no se cerró con Los Magníficos, sino que fue el hilo conductor sobre el que se construyó otro equipo con nombre propio, Los Zaraguayos. Unos metros por detrás, en posición de zaguero, formó con Manolo González una defensa casi mitológica. Antes había rechazado ofertas de los grandes, incluida una del Real Madrid que probó su amor por el Real Zaragoza. También sumó en ese tiempo catorce internacionalidades. En esa década, fue el líder espiritual de un equipo que no logró títulos, pero que tuvo un lugar especial en los corazones de la gente. Violeta capitaneó una plantilla en la que brillaron Arrúa, Diarte, Ocampos, García Castany y tantos otros.
El León de Torrero fue siempre fue un hombre de club, un caballero ejemplar. 14 temporadas en el club de su vida. Un nombre, el de José Luis Violeta, que queda para siempre. En su fútbol solo había espacio para el Real Zaragoza y el club le debe un lugar esencial en su memoria.