La crónica del Gran Canaria (74-78) Casademont Zaragoza: un paso de gigante hacia la salvación
Aire, aire y aire. Como estar atrapado en una cueva y, tras cierto tiempo, volver a ver la luz. El Casademont Zaragoza venció por 74-78 al Gran Canaria y da un paso de gigante en la salvación tras ganar a un rival directo y respirar tras la derrota de Andorra ante Murcia, que otorgan a los de Joan Plaza dos victorias y average sobre los del Principado y los canarios. El conjunto aragonés no jugó un grandísimo partido, ni mucho menos, pero cumplió con lo prometido y se llevó el gato al agua en un duelo que no era negociable. Gracias en parte a un rival en desgobierno que concedió demasiadas facilidades en defensa y que apostó todo al triple (7/33 - 21%), saliéndole rana. También, en el caso maño, a la buena actuación de un Justin Wright-Foreman que a base de individualidades acabó decidiendo el ingobernable duelo. La pócima de Joan Plaza empieza a hacer efecto.
El duelo arrancó de poder a poder, con un Casademont Zaragoza que salió realmente ofensivo, con todas las balas en un mismo cargador y encontrando, primero a Yusta y, a la postre, a un Dubljevic que parecía tener la muñeca afinada (4-7). Algo confusa fue la salida de Traoré por el pívot montenegrino, pero tampoco terminó de afectar a un juego al que Spissu seguía dando vida, ahora con una canasta (8-9).
Sin embargo, viejos errores conocidos: pérdidas, desconexiones defensivas… dieron alas a un Gran Canaria que encontró rápidamente la X del tesoro para establecer un parcial de 9-4 y elevar el marcador hasta un 20-13 que empezó a marcar territorio. El Casademont, por su parte, no terminaba de responder a las embestidas rivales con otras propias, hasta que Spissu se inventó una buena canasta de media distancia y Wright-Foreman sacó su clase exterior para hacer como si nada hubiera pasado y dejar el luminoso en un 20-18 que sabía a cuarto salvado. El Gran Canaria había dejado escapar con vida al Casademont y eso era como soltar a un animal herido: vuelve con más colmillo.
Y eso lo pagó caro. El Casademont salió al segundo cuarto con una concentración casi monástica y, tras unos primeros compases de pérdidas, rebotes y demás despropósitos, encontró el ángulo perfecto para meter la cuchillada. Wright-Foreman, impecable, abrió la veda con cuatro puntos, mientras que Washington y Miguel, tras un par de grandes defensas culminadas, permitieron a los rojillos marcharse hasta el 22-26. Pero aún hubo más. Joaquín Rodríguez, con la naturalidad de quien tira una bola de papel a la papelera de casa, se sacó un triple de la manga que terminó de enmudecer al Gran Canaria Arena y colocó la renta en 22-29 tras un enorme parcial de 2-16. Nada que ver con el 20-13 del inicio.
¿La explicación? Se juntó el hambre con las ganas de comer. El Casademont estaba jugando un gran baloncesto en ambos lados del parqué, mientras que el Gran Canaria se la jugaba todo al triple… y no lo metía ni en el Gran Cañón de Colorado (0/7 en el cuarto y 1/15 en total a falta de 4:29). Eso desembocó en una especie de ansiedad colectiva que se apoderó del conjunto local: prisas, malas decisiones y una inseguridad que ni un triple de Albicy logró disipar, porque Washington y Robinson se encargaron personalmente de que el suflé no bajara (25-33). Así, en los últimos compases, el Casademont siguió jugando con cabeza y colmillo: serio atrás, alegre y vistoso arriba. Cuando no era Joaquín con el martillo, aparecía Wright-Foreman a base de pura clase individual, llegando al final del primer cuarto 30-39 a favor de los de Plaza.
Un tercer cuarto de contrastes
Tras el paso por el túnel de vestuarios, el Casademont Zaragoza perdió toda la frescura que había mostrado en ataque. Poco ofreció en el inicio el equipo de Joan Plaza, que firmó únicamente 7 puntos en seis minutos. Era un cúmulo de caos: canastas de alto porcentaje que no querían entrar y faltas que no tocaban hacer. Tampoco es que el Gran Canaria fuera la alegría de la huerta, pero sí estuvo algo más acertado que los maños y, con Metu y Wong, fue recortando distancias hasta transformar el +9 del descanso en un inquietante 40-46.
Sin embargo, esa sensación de estar jugando contra el propio aro no iba a durar para siempre. Y es que, en los últimos instantes, el equipo aragonés volvió a encontrar algo de luz y puso una marcha más. Dubljevic sumó desde el tiro libre antes de sentarse, dejando paso a un Youssouf que elevó la moral con un mate de los que despiertan a cualquiera. Y, por si fuera poco, apareció el de siempre. El artillero. Joaquín Rodríguez. El uruguayo terminó de romper la mala racha con uno de esos lanzamientos que no se piensan, mientras que Yusta puso los puntos sobre las íes desde el tiro libre para cerrar el tercer cuarto con un 49-57 que devolvía el control a los rojillos antes del cuarto de la verdad.
En el último cuarto, los aragoneses volvieron a ver las orejas al lobo en lo que era el cuento de nunca acabar. Desde el inicio, el Gran Canaria quiso dar la última campanada, con un Metu omnipresente que monopolizaba cada ataque local. Pero ahí apareció un providencial Washington que, a pura canasta de playground, estiró la renta hasta el +10 a falta de siete minutos, un colchón que empezaba a parecer oro puro. Sin embargo, este tipo de partidos no se cierran sin peaje. Entre Robertson y Brussino, el conjunto insular recuperó el pulso y volvió a meterse de lleno, reduciendo la distancia a esos cuatro puntos que habían sido una constante durante toda la noche. Dos tiros libres de Pelos culminaron el parcial de 8-0 y encendieron todas las alarmas. Y terminaron de estallar con un triple de Metu y unos libres de Wong que, tras casi 30 minutos a remolque, devolvían la ventaja a los de Néstor García (71-70) a poco más de un minuto del final.
Era el momento de sacar carácter. De jugar con el corazón en la mano. Y ahí emergió Wright-Foreman. El exterior estadounidense asumió galones y, tirando de talento individual al servicio del colectivo, clavó un 2+1 y una canasta posterior en apenas medio minuto que dieron un volantazo al partido (71-75 a falta de 24 segundos). Cuando parecía sentenciado, el encuentro aún guardaba una última sacudida: tras un libre de Spissu que ponía el +5, Metu respondió con un triple que comprimía todo hasta el 74-76. Pero ya no quedaba tiempo para más. Una nueva falta sobre Spissu cerró el partido desde la línea y selló el 74-78 definitivo, un triunfo de los que dan aire y alejan viejos -o no tan viejos- fantasmas de la zona de descenso.