Otro factor que condena al Huesca: el paso por el vestuario

La SD Huesca ha dejado escapar un total de 12 puntos entre el minuto 46 y el 60 de partido, un dato demoledor
El patrón se acentúa en este 2026 / LaLiga
El patrón se acentúa en este 2026 / LaLiga

En el diagnóstico a la pésima temporada de la SD Huesca, emerge un patrón que se viene repitiendo a lo largo, sobre todo, de este 2026. Más allá del dramático rendimiento lejos de El Alcoraz, donde únicamente ha sumado en cuatro de sus 19 desplazamientos ligueros, el conjunto azulgrana está pagando muy caras sus desconexiones tras el paso por vestuarios. Los datos son demoledores. El Huesca ha dejado escapar un total de 12 puntos entre el minuto 46 y el 60 de partido. Un tramo que se ha convertido en un auténtico agujero negro para los azulgranas y que refleja una evidente falta de concentración competitiva.

Da igual el entrenador y la alineación. Comenzó con Jon Pérez Bolo y continúa sucediendo ahora con José Luis Oltra, independientemente de las piezas angulares de cada míster. El ejemplo más reciente llegó el domingo en El Sardinero. La SD Huesca se marchó al descanso venciendo 0-1 al líder y realizando un esfuerzo titánico sin balón. Sin embargo, el partido se derrumbó nada más comenzar la segunda parte. En apenas siete minutos, Villalibre y Mantilla le dieron la vuelta al marcador, castigando de nuevo una salida blanda y desconectada de los azulgranas.

No fue un caso aislado. Dos semanas antes, en Ipurúa, el Eibar también golpeó al Huesca tras el descanso, poniéndose por delante y asediando la portería de Dani Jiménez. Anteriormente ocurrió en Valladolid y en El Molinón, donde el equipo oscense dejó escapar más puntos fundamentales en otras reanudaciones del juego impropias de un equipo que pelea por sobrevivir en el fútbol profesional. El problema es especialmente alarmante fuera de casa, donde el Huesca parece incapaz de gestionar emocionalmente los partidos cuando el escenario se vuelve adverso. Esto se acentúa, especialmente, cuando llega el primer tanto: el equipo entra en una especie de bloqueo que le impide sumar a domicilio.

El otro lado de la moneda: El Alcoraz sí empuja

Pero si existe un tramo que explica la peor versión del Huesca, también hay otro que sostiene sus esperanzas de permanencia. Porque el conjunto azulgrana ha conseguido 10 puntos entre el minuto 75 y el final de los partidos. Y todos ellos han llegado en El Alcoraz. Ahí aparece el factor diferencial de la afición. El estadio oscense aprieta y empuja. Lo hizo en la pasada campaña, en el inicio de esta y continúa haciéndolo ahora, en plena pelea por la salvación. Los ejemplos son numerosos. El primero, nada más lejos de la jornada inaugural, cuando el Leganés vio cómo Dani Ojeda empataba el partido en el minuto 84. Después llegaron las victorias agónicas frente a Burgos, Eibar y Málaga, todas ellas consecutivas, que otorgaron seis puntos absolutamente vitales.

Recientemente, también apareció el gol salvador de Carrillo ante el Deportivo de La Coruña en el minuto 90. Otro ejemplo de cómo El Alcoraz transforma emocionalmente al equipo en los momentos límite. Y ahí reside una de las grandes contradicciones de esta temporada. Mientras el Huesca se derrumba tras el descanso lejos de casa, en El Alcoraz encuentra energía y competitividad hasta el último segundo. Dos caras completamente opuestas. Ahora bien, si los altoaragoneses quieren seguir en Segunda División, necesita resolver en estas cuatro jornadas restantes ese vacío competitivo tras el paso por vestuarios. Porque un equipo que regala tantos puntos nada más arrancar la segunda mitad está condenado a vivir permanentemente al borde del abismo.