El Real Zaragoza en general, porque entiendo que en esta situación Raúl Sanllehí y Juan Carlos Cordero merecen su foco, decidió hacer el ‘pardillo’ jugándose un campeonato de División de Honor Juvenil. Mientras el Fútbol Club Barcelona se agarró a Ángel Alarcón e Ilias Akhomach (no había disputado ni un minuto en la categoría) para la ‘final’ que se libraba en la Ciudad Deportiva, futbolistas que ya han debutado en Primera División, el conjunto aragonés tuvo a bien no rescatar a Pau Sans, tercer máximo goleador nacional de la categoría hasta su ascenso al primer equipo.
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El caso se vuelve más flagrante cuando ni siquiera era una cuestión de una cosa u otra. Pau Sans podría, perfectamente, haber estado el sábado con el División de Honor Juvenil y el domingo con los de Escribá en Huesca (donde, por cierto, no llegó a disputar minutos). Incluso, y si me lo permiten, llevar de vuelta al atacante con su equipo de partida me habría parecido, a título personal, un mensaje cargado de ambición.
Naranjo y Luna, paganos del pasado
Guillem Naranjo y el Deportivo Aragón conocen esa tesitura de primera mano. El máximo artillero del filial viajó hasta Andorra para ser el descarte y quedarse en la grada. En dicha fecha, el segundo equipo zaragocista recibía la visita del CD Teruel, líder de la categoría, y tenía la posibilidad de unirse al tren del playoff. ¿Qué sentido tiene arrebatarle a Emilio Larraz a su goleador para dejarlo fuera de la convocatoria a escasos minutos de empezar el partido?
No obstante, Marcos Luna ha sido el gran perjudicado de esta política tan extraña del Real Zaragoza. Durante 17 semanas viajó el canterano con el primer equipo sin comparecer en ninguno de los partidos. El lateral, que acabó abriéndose hueco hasta que una rotura de menisco lo frenó recientemente, perdió minutos de juego con el Deportivo Aragón y terminó asentándose habiendo disputado 12 encuentros menos que Juan Sebastián, su competencia en el filial blanquillo. Entonces, ¿a qué precio debe la Ciudad Deportiva servir al primer equipo?