La SD Huesca ha cerrado la incorporación de Gustavo Albarracín, una de las joyas emergentes del fútbol argentino, que llega cedido por el Deportivo Alavés hasta final de temporada. El joven centrocampista de 19 años, nacido en Las Varillas (Córdoba, Argentina), aterriza en el conjunto oscense con la etiqueta de promesa internacional y el aval de su rendimiento en las selecciones inferiores de la Albiceleste.
Una apuesta ambiciosa de futuro
Albarracín es un nombre que ha comenzado a sonar con fuerza en el fútbol sudamericano. Formado en las categorías inferiores de Talleres de Córdoba, el mediocentro debutó en Primera División argentina en 2024 y lo hizo marcando un gol. Su irrupción llamó la atención de los ojeadores del Alavés, que lo ficharon este mismo verano como una apuesta de futuro. La operación se cerró en un contexto favorable: el contrato del jugador con Talleres finalizaba en 2025, lo que permitió a los vitorianos incorporar al jugador por una suma moderada y asegurarse su vinculación hasta 2029.
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Internacional con Argentina Sub-17 y Sub-20
La proyección de Albarracín no se limita al ámbito de clubes. El nuevo jugador del Huesca ha vestido la camiseta de la Selección Argentina Sub-17 y Sub-20, disputando torneos de máxima exigencia como el Sudamericano y el Mundial juvenil. Su participación en estos campeonatos le ha servido para curtirse en escenarios de alto nivel competitivo, algo que ha influido decisivamente en su madurez táctica pese a su corta edad.
Visión, llegada y polivalencia
El fichaje de Albarracín no responde únicamente a su potencial, sino también a sus cualidades futbolísticas. Es un centrocampista polivalente, con capacidad para jugar como pivote defensivo o en una posición más adelantada. Destaca por su visión de juego, su capacidad asociativa y una técnica muy depurada, lo que lo convierte en un jugador ideal para un sistema que exige protagonismo en la circulación y llegada al área rival.
Con estas cualidades, el joven hispano-argentino se perfila como un refuerzo estratégico para el equipo dirigido por Sergi Guilló, que busca dar un salto de calidad en el centro del campo tras un arranque de temporada irregular en LaLiga Hypermotion.
Huesca, trampolín hacia la élite
La llegada de Albarracín al Huesca se enmarca dentro de una estrategia ya conocida por el Alavés: ceder talento joven para acelerar su crecimiento competitivo. En el caso del argentino, la entidad vitoriana llegó a valorar que permaneciera bajo la disciplina del primer equipo, alternando con el filial. Sin embargo, la opción del Huesca, con minutos reales en Segunda División y el reto de dar un salto de dos categorías, fue clave en la decisión final.
“Necesita rodaje y exigencia real para seguir creciendo. Huesca le ofrece eso y más”, apuntan desde el entorno del club vasco. La referencia es clara: Joaquín Panichelli, otro jugador sudamericano fichado a coste bajo que explotó en España y fue traspasado este mismo verano por más de 16 millones de euros.
Oportunidad para ambas partes
Con este movimiento, todos ganan: el Huesca suma un refuerzo de calidad y futuro inmediato para su centro del campo; el Alavés confía en que el jugador acelere su desarrollo y revalorice su cotización; y Albarracín tiene ante sí el mayor reto de su incipiente carrera: destacar en una competición tan exigente como la Segunda División española.
La afición azulgrana tendrá ahora la oportunidad de descubrir y seguir de cerca a un futbolista que ya ha demostrado personalidad para los grandes escenarios y que podría ser una de las sorpresas de la temporada si logra consolidarse en el once de Guilló.