Pinilla ha sido la mejor noticia del curso del Deportivo Aragón. Su fútbol se percibió como un acontecimiento desde muy pronto, todavía en etapa formativa. Pero la 24/25 ha sido varias temporadas en una sola: si el día a día del filial le acabó consagrando en una categoría dura, de roce, que suele prescindir de futbolistas de su perfil, la mejor historia del División de Honor Juvenil le reservó un lugar especial en las semifinales ante la UD.
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Pinilla cumplió con una condición en el pasado mientras pelea contra varios estigmas del presente: su talento lo validó Víctor Fernández, en una opinión que siempre valió más que las demás, pero el Deportivo Aragón casi nunca fue un buen paso intermedio. En los últimos cursos, los que se lo saltaron fueron los que de verdad acabaron estableciéndose en el primer equipo. Tan cierto como eso es que a él esa oportunidad le ha llegado antes que a cualquiera.
Hugo Pinilla, un adelantado a su tiempo
Su estreno es un pequeño triunfo de Emilio Larraz entre bastidores, que se empeñó en él cuando por edad no tocaba. No siempre le diseñó un contexto favorable, ni le rodeó de los jugadores más talentosos, pero en su pizarra Hugo Pinilla ocupó de manera constante la escena más prometedora de todas. Su fútbol camina de la mano con un valor poco común en futbolistas de su corte: es un obseso del trabajo, un entusiasta de la cultura que hace y deshace carreras.
Pinilla espera en Castalia la oportunidad de su vida, el cierre más dulce. En el lugar de la elección, Gabi Fernández en un día insípido, puede reforzar una afirmación que trasladaron desde Getafe y también mandar un mensaje de cara a lo que viene: el técnico del Real Zaragoza es un fiel creyente del talento.