Su primera entrenadora a su madre. Ione fue socia del club Peña Guara de Huesca, a los 8 años compitió en la Pitarroy de Cerler y, después, hasta los 17 años ya lo hizo con el Formigal Esquí Club. La rider es un ejemplo más de un deporte, el freeride, que cada vez engancha a más jóvenes y al que llegan desde el académico ‘pasar palos’. Más que aburrir las especialidades de alpino, la razón de ese cambio se encuentra en la falta de oportunidades para seguir compitiendo cuando uno llega a ciertas edades. “Ahora no sé cómo funciona la competición, pero en mi época, cuando llegabas a juveniles: o eras un corredor puntero y te ibas a entrenar con el equipo nacional, que no era mi caso, o no tenías muchas opciones de seguir compitiendo”, dice Ione.

Tras su paso por la competición, la rider de Sallent de Gállego se formó como profesora y entrenadora. En el curso para sacar el Td3 conoció a su pareja, Jokin, y con el que empezó a tejer un camino de vida y su relación con el freeride. “Competía en esquí de baches desde pequeño y me apunté con él a un campeonato de España de esta modalidad. Mi sorpresa fue que acabé la competición en un tercer puesto. Retomé el gusto por competir y esa misma temporada nos apuntamos juntos a la Jam Extreme de Andorra y acabé en segundo lugar”, afirma.
Además de Jokin, su tío Juanjo, también construyó la relación de Ione con el esquí fuera pista. Profundo conocedor del monte de Sallent la llevaba a sitios únicos del valle de Tena. Le inoculó el gusto por ese esquí donde la comunión con la naturaleza es absoluta. Otro de sus tíos, Jorge, tiene en su haber la participación en dos juegos olímpicos, además de otros campeonatos, aunque la esquiadora tensina suelta con una sonrisa que “no he heredado su finura encima de las tablas”.
El salto de Sallent de Gállego a Whistler lo explica así: “Jokin tenía pensado un viaje a Nueva Zelanda después de pasar el verano en Los Alpes, y le pedí que en vez de irse allí me esperara un poco para irnos juntos a algún lado. Entonces me dijo: ‘Dime un sitio y una fecha’ y sin pensar nada más le respondí: ‘Canadá, a final de temporada que habré ahorrado’ Y así empezó nuestra aventura canadiense la cual iba a durar un año y ya llevamos casi 4”.
Aunque está en una de las cunas del freeride y de los deportes de montaña, la añoranza de su tierra, del Valle de Tena, es grande. Por temas de visado, probablemente le tocará regresar este año y entre sus ilusiones está la de volver a formar parte del equipo de fútbol sala de la Peña La Murga Sabiñánigo al que gracias a internet sigue desde la British Columbia. Y es que allí, eso del fútbol sala es (casi) un imposible.