Aquel chico era Pablo Cortés y de esa primera imagen han pasado cuatro años. En este tiempo, ha madurado su fútbol y su cuerpo, y sigue a un paso de su sueño. No tardó Juan Ignacio Martínez en reclutarlo para su primera pretemporada, pero a pesar de sorprender en el Pinatar Arena nunca se atrevió a darle una ocasión en el primer equipo. Es uno de los pocos reproches que se le pueden hacer a JIM, que llegó a parecer mejor persona que entrenador. Siempre le llamó “Pablito”, incluso cuando todo el mundo había descubierto que era un futbolista con nombre y apellidos.
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El banquillo del Real Zaragoza ha tenido tres inquilinos más desde entonces. Y, a estas alturas de la jugada, parece casi una tragedia que Pablo Cortés solo haya tenido dos ocasiones más en La Romareda. Siempre en el Trofeo Carlos Lapetra, ante Getafe y Millonarios. Quizá otro futbolista hubiera perdido la fe, pero él ha sabido aprovechar su tiempo de espera en el filial. Y lo ha hecho este año más que ningún otro, en un Deportivo Aragón cada vez más sólido y convincente. En el plan de Larraz, Cortés selecciona hoy sus apariciones, lee el juego colectivo y ha decidido que su fútbol evolucione en una cuestión esencial: cada uno de sus toques mejora siempre la jugada.
El paso del filial al primer equipo puede parecer complejo y el talento está a menudo bajo sospecha. Cortés vive en ese momento, camino de una primera oportunidad, a la espera de enseñar su don. Fútbol de calle y de seda. Distinto en casi todo lo que hace, solo necesita un entrenador que le entienda y que se atreva. Solo así, si se siente importante, podrá comenzar a serlo. En ese punto exacto, el futuro empezará a escribirse con la izquierda.
Es un crack y va a serlo en el primer equipo 👏👏👏👏
Bravo 👏👏👏