El encuentro, según en palabras del propio entrenador en una entrevista concedida hace unos días a este medio, será una completa incógnita, pues el nivel del rival -más allá de ser obviamente alto- es relativamente desconocido. Es lo que tienen los filiales y su imprevisibilidad, calidad a destajo, pero poco rodaje, aunque este grupo, según Parras, «viene de hacer cosas importantes en juvenil». De todas formas, ahí es donde entrará el equipo aragonés, que a pesar de tener una plantilla relativamente joven -y sobre todo renovada- querrá imponer su fútbol, su saber estar, su localía y sobre todo su veteranía.
Lo que sí se conoce con total certeza es que los jugadores comandados por Parras han hecho bien sus deberes y han estudiado a tiempo para el examen, superando hasta siete amistosos de pretemporada, en los que se han codeado con rivales de todas las categorías, desde Primera División (0-2 cayendo ante el Levante UD) hasta la Segunda RFEF, como el caso del Barbastro (1-1), pasando por la compleja Segunda División, en su empate contra la SD Huesca a cero.
Otros rivales como Osasuna (2-0 perdiendo), SD Ejea (1-0 ganando), Castellón ‘B’ (3-0 venciendo) o Villarreal ‘B’ (2-1 para los turolenses) fueron sparrings que permitieron al nuevo técnico probar sistemas, crear una idea de juego y establecer una identidad, amén de ver en acción hasta los 17 fichajes que ha realizado el conjunto de Pinilla, algunos más que conocidos por terreno aragonés como Carlos Vigaray (ex del Real Zaragoza) o Ayman Arguigue (cedido por la SD Huesca).
Ahora ya no hay pruebas que valgan, tampoco excusas que poner. Es el momento de ponerse la bandana de guerra y el cuchillo entre los dientes para dejar claro que el CD Teruel no ha venido a ver qué pasa en la categoría de bronce, sino a asentarse, y como bien decía Parras «trabajar duro para conseguir esos 48, 50 puntos que aseguran la permanencia» y una vez logrado, Dios dirá.