Ha salido Xisco Muñoz a rueda de prensa y ha dejado argumentos similares a los de las vigas maestra en cualquier construcción. Dos a gran trazado: autocrítica con base en los datos y optimismo atado a ser más valientes. Respecto a ese primer punto, reconoció que es «el primero en no estar contento conmigo mismo» por los resultados y «no paramos de pensar para buscar soluciones». «Tenemos que ser autocríticos, saber que no estamos dando lo que nos están pidiendo», añadió, y, durante el transcurso de la rueda de prensa lo entrecomilló así para dejarlo más claro: «Mis números de victorias son una ruina».
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Asimilado el proceso de conocimiento de cuerpo técnico y equipo, ha dicho que no queda otra que ser «valientes», porque «no tenemos nada que perder». Quiere a su equipo enchufado «desde el primer minuto» y no quiere una sola espera, estar a merced de lo que el rival, en este caso el Mirandés, disponga.
«Sangre en los ojos»
Por eso, Xisco ha recalcado la necesidad de ser «valientes». Lo ha reiterado y ha subrayado que «es el momento» de hacerlo. Tampoco ha edulcorado lo que quiere de su tropa, aunque ya se sabe que en esto del fútbol, en muchas ocasiones la hipérbole manda y en una de ellas se ha refugiado para definir qué es lo que quiere de sus jugadores desde el pitido inicial: «Quiero verles sangre en sus ojos».
El preparador ha defendido que su equipo, en defensa y en el centro del campo está muy sólido, pero que le falta ser efectivo en campo contrario y eficaz en los momentos clave del encuentro. Se mostró seguro que si el Huesca consigue ser «dañino» en campo contrario «esto saldrá bien».
Preguntado por Nwakali no hizo más que refrendar las palabras que dijo en rueda de prensa Jorge Pulido al respecto. Y en relación a las nuevas incorporaciones les quitó cualquier tipo de responsabilidad y puso pie en pared para escalar posiciones desde la 15ª posición de la clasificación, una «obligación de todos».