La crónica del Galatasaray (63-56) Casademont Zaragoza. Caer de pie tras rozar el milagro
Las de Cantero pagaron muy caro su nefasto inicio y se quedaron a punto de hacer otra remontada para la historia, que habría tenido el premio de la final europea. No pudo ser y las mañas jugarán el domingo ante Girona por el tercer y cuarto puesto
No pudo ser. Duele y mucho. Hoy ganar al Galatasaray no era imposible ni mucho menos para el Casademont Zaragoza. Con una pizca más de acierto, algo más de suerte y sin ese nefasto primer cuarto de 24-4 habría sido posible. Pero no ocurrió. No hubo operación remontada y eso que el equipo de Cantero lo intentó con todas sus armas y de todas las formas posibles, pero ni con esas. El Galatasaray se impuso por 63-56 al Casademont Zaragoza en un partido en el que el fatídico inicio aragonés condenó a las mañas y les obligó, desde el comienzo de la cita, a reponerse y a tratar de hacer un Brno 2.0. Y casi se logra, porque las mañas ganaron el resto de parciales y tuvieron el sueño realmente cerca, poniéndose a 9 puntos a falta de ocho minutos y a 6 en los últimos 60 segundos. Pero no todos los días son fiesta y no siempre se puede lograr una remontada inverosímil y la elástica otomana se llevó el gato al agua.
De esta forma, las de Cantero cayeron de pie, con la cabeza alta y con el apoyo de un Príncipe Felipe (de nuevo más de 10.800 espectadores) que acabó el duelo con un sabor amargo en la boca, pero también con una sensación de orgullo eterna, que siempre perseguirá a un equipo que les ha otorgado felicidad y sonrisas por doquier a lo largo de toda la temporada y especialmente en una semana que fue más que mágica. Así, ahora las mañas se centran en el duelo por el tercer y cuarto puesto ante Girona en un duelo entre compatriotas, este domingo a las 17:30h, mientras que la final europea será enteramente turca.
Difícilmente pudo empezar peor el duelo para un Casademont Zaragoza que arrancó con un colapso absoluto en ataque. El conjunto maño no vio aro en un primer cuarto en el que el Galatasaray impuso su ley de principio a fin. Juhasz y Johannes golpearon en las primeras posesiones turcas, mientras que las aragonesas no terminaban de encontrarse. No por falta de opciones ni de tiros, sino porque prácticamente todo lo que salía de manos rojillas escupía el aro, como si existiera una red invisible o un campo gravitatorio que repelía cada lanzamiento.
Así, más allá de una canasta de Bankolé a los cuatro minutos (11-2), poco más pudo ofrecer el Casademont, que no encontró premio ni por dentro, ni por fuera, ni en ninguna de sus variantes ofensivas. El Galatasaray, en cambio, olió el atasco zaragozano y no dudó en castigarlo. Johannes, dejando patente su clase mundial desde la periferia, lideró a un conjunto otomano que fue estirando la ventaja sin oposición. Posteriormente también aparecieron Smalls y Erdogan, con quienes el dominio se convirtió en una auténtica dictadura sobre el parqué, cerrando el primer cuarto con un contundente 24-4, marcado por un durísimo 2/18 en tiros de campo que evocaba fantasmas del comienzo del curso como la ida ante Brno. Peor, simplemente, no se podía empezar.
El segundo cuarto no trajo un alivio inmediato. El Casademont siguió sin encontrar el aro, aunque ya no con la crudeza del primer acto. Gueye y Leite sumaban alguna canasta aislada, insuficiente para frenar a una Kuier que se desató con seis puntos consecutivos y elevó la renta hasta un preocupante 32-7 en apenas tres minutos. El equipo de Cantero necesitaba algo más: agresividad, rasmia, una chispa que cambiara la dinámica. Pero esa reacción seguía sin llegar ante un Galatasaray que, con Johannes y Smalls al mando, mantenía el castigo (36-9 a falta de cuatro minutos).
El partido era, por momentos, la frustración hecha baloncesto para el conjunto maño. Todo lo que normalmente entra, esta vez no encontraba el camino. Hasta que apareció Hempe. La pívot, que ya venía siendo de las pocas luces del equipo, encendió la mecha con un triple que empezó a despertar al Príncipe Felipe. Cantero entendió entonces que era el momento de arriesgar y apostó por un quinteto con la propia Hempe al ‘4’ y Hermosa al ‘5’. A partir de ahí, algo cambió.
El Casademont comenzó a encadenar acciones positivas y, si antes los parciales caían del lado turco, ahora eran las rojillas las que encontraban un hilo del que tirar. Otra canasta de Hempe, sumada a acciones de Vorackova y Hermosa, construyó un parcial de 1-9 que abrió una pequeña grieta en el partido. El Príncipe Felipe se agarró a ella, empujando a un equipo que empezaba a ver menos imposible la remontada. Y, con una última canasta de Leite, el descanso llegó con un 37-20 que, sin ser bueno, sabía mucho mejor de lo que apuntaba el guion minutos antes. El Príncipe Felipe ardía coreando un "Zaragoza nunca se rinde" que se erigía como un auténtico mantra. Había un hilo de vida al que agarrarse. De hecho, el parcial del cuarto indicó un 13-16 que poco o nada tuvo que ver con el apabullante 24-4 de los primeros diez minutos.
Un tercer cuarto para creer
Tras el paso por vestuarios, ambos equipos regresaron con un ritmo eléctrico. El Galatasaray se sostuvo en Kuier y Williams en ataque, pero el Casademont, consciente de que era ahora o nunca, encontró oxígeno en Fingall y Vorackova, que ajustaron el marcador hasta el 43-26 a falta de seis minutos y medio, obligando a Firat Okul a parar el partido para no dejar nada a la suerte. El partido tenía un tono grisáceo para el Casademont, pendiente de dar un ramalazo y empezar a dibujar el enésimo milagro de la temporada. Y el primer paso llegó desde la defensa. El equipo de Cantero levantó una auténtica muralla, más desde la rasmia que desde la pizarra, dejando al Galatasaray en apenas seis puntos en siete minutos. Un registro que contrastaba por completo con lo visto en la primera mitad. El problema era que el propio Casademont tampoco terminaba de traducir ese esfuerzo atrás en puntos: solo ocho en ese mismo tramo.
Aun así, el partido empezó a abrir una pequeña rendija. El Galatasaray atravesó unos minutos de atasco ofensivo y empezó a notarse fatigado, mientras que las aragonesas encontraron un pequeño oasis en Pueyo y Gueye, reduciendo la renta hasta los 13 puntos (43-30), una distancia que, tras el +20 inicial, empezaba a parecer incluso corta. El Príncipe Felipe olía la remontada, pero el momento se volvió a torcer. La cuarta falta de Gueye y la aparición de Williams, que firmó hasta ochos puntos en este cuarto, inclinaron la balanza para las de Okul, cerrando el tercer acto con un exigente 49-34. El Casademont tendría que remontar, en apenas diez minutos, prácticamente toda la herida que se abrió en el primer cuarto.
En busca del milagro
En el cuarto de la verdad, el Casademont Zaragoza salió a por el milagro. Sin red. Sin cálculos. Con todo prácticamente perdido y con la única vía de la épica por delante. Y el arranque fue, directamente, esperanzador. Mawuli forzó tres tiros libres y una Leite desatada volvió a ser un dolor constante para la defensa turca, ajustando el marcador hasta un 49-40 a falta de ocho minutos. El Príncipe Felipe empezó a creer. Y no era para menos: el Galatasaray daba síntomas de cansancio, sin la claridad de antes. Pero cuando el partido parecía inclinarse hacia el terreno emocional, apareció Johannes. Y lo hizo como hacen las jugadoras grandes: con un triple de los suyos, lejano, casi irreal, que frenó en seco la reacción. A partir de ahí, Erdogan y Williams completaron un parcial de 7-0 que volvió a ensanchar la herida (56-40).
Sin embargo, estas mujeres siempre tendrán el beneficio de la duda. Y, cuando más difícil parecía, las de Cantero volvieron a resucitar como tantas y tantas veces. Y es que para ganar al Casademont hay que matarlo muchas veces y las mañas se propusieron remontar tres puntos por minuto con el 56-41 a falta de cinco. Y durante unos instantes, pareció real. Leite y Hempe tomaron el mando. La francesa clavó un triple de puro carácter y sumó tres tiros libres con inteligencia, mientras que la pívot añadió siete puntos que encendieron definitivamente el Príncipe Felipe. El marcador se apretó hasta el 62-56 y el pabellón, en pie, empezó a oler algo conocido. Un déjà vu con aroma a la vuelta ante Brno.
El Galatasaray paró el partido. No quería ver cómo se le escapaba en un minuto lo que había construido en treinta y nueve. Y en ese filo se decidió todo. A falta de un minuto, Carla Leite tuvo en sus manos la jugada que podía cambiarlo todo. Anotó… pero le señalaron una inexplicable falta en ataque en una decisión difícil de digerir. El posible 2+1 que habría encendido definitivamente la remontada se esfumó. Y con él, gran parte del sueño, porque el reloj fue cruel con el Casademont Zaragoza y llegó con rapidez al 0:00 con 63-56. El Galatasaray celebró su pase a la final. Y el Príncipe Felipe, lejos de acomplejarse, respondió como solo sabe hacerlo: “¡Zaragoza, Zaragoza!”. Porque más allá del resultado, lo que quedó fue el orgullo. Ese que no se mide en el marcador. Ese que explica por qué este equipo, incluso cuando pierde, deja huella. Volverán más fuertes. Las de Cantero se juegan ser terceras o cuartas de Europa, que se dice pronto.

