Spissu y Bell-Haynes, los cimientos sobre los que debe construir el Casademont

La pareja de bases, en plena forma, ha demostrado ser fiable y una de las mejores de la competición. El italiano y el canadiense deben ser los primeros cimientos sobre los que edificar el equipo y realizar un próximo curso con menos sustos
Bell-Haynes y Spissu. Fotografías de Esther Casas / Casademont Zaragoza.
Bell-Haynes y Spissu. Fotografías de Esther Casas / Casademont Zaragoza.

En pleno junio y tras todo lo acontecido en el seno del Casademont Zaragoza, llega el momento de descansar. También de hacer memoria de todo lo ocurrido para no volver a tambalearse sobre la cuerda floja a falta de unos segundos para el final de temporada. Llega el verano y llegan las decisiones, con sus respectivos cambios de cromos, renovaciones y despachos. Hoy por hoy, pocas cosas parecen seguras en el Casademont Zaragoza. Sin embargo, una de ellas debería ser la continuidad de Marco Spissu y Bell-Haynes, autores del milagro de Lugo. No obstante, su curso no se reduce solamente a un lanzamiento.

En el caso del italiano, su camino no ha sido nada sencillo. El segundo curso en la capital aragonesa de Spissu arrancó con molestias en la fascia plantar. De hecho, llegó a perderse algunos duelos de FIBA Europe Cup, todo ello con el objetivo de poder lograr una recuperación que tuvo demasiados dientes de sierra. Su único objetivo fue volver a ser ese base controlador, que marca el tempo del partido y que tan pronto tiene cartuchos con fuego real como cede caramelos. Básicamente, todo lo que mostró frente a Río Breogán en la última jornada, en la que, más allá del ya histórico triple, se llevó a la saca 20 puntos, 9 asistencias y 2 recuperaciones para 30 créditos.

Obviamente, no todos los días son fiesta y no en cada jornada va a rozar el doble-doble, pero esa es la estela que debe perseguir. No tanto por los guarismos, que muchas veces dependerán del acierto, del rival o del ritmo del partido, sino por la sensación de mando. Por esa capacidad para ordenar, castigar cuando toca y hacer mejores a quienes le rodean. En Lugo, Spissu no solo metió un triple para la historia. También recordó que, cuando está sano y encuentra continuidad, puede ser uno de los faros sobre los que reconstruir el Casademont Zaragoza.

Según informaron varios medios regionales, el club se planteó la salida de Marco Spissu en enero. Sin embargo, la lesión de Bell-Haynes en su mano -que le tuvo cuatro meses fuera-, propició que el rol del italiano cambiara y volviera a tener un papel importante en el equipo, mientras, a su vez, el propio Casademont Zaragoza acudió al mercado y se hizo con Washington y Richardson, llegando a la postre Wright-Foreman. De hecho, el italiano gozó de mayor protagonismo, tanto con Joan Plaza como con García de Vitoria y, a partir de aquí, empezó su transformación, dando varios pasos al frente y llegando con un nivel altísimo a los últimos duelos ante Murcia, Valencia y Lugo. 

La meteórica reaparición de Trae justo y cuando se le necesitaba

En el caso de Bell-Haynes, el canadiense tampoco ha tenido un curso nada sencillo. La fractura del ligamento escafolunar de su mano izquierda lo tuvo hasta cuatro meses fuera del ruedo en el que fue su segundo curso en el Casademont Zaragoza. Concretamente, desde el 24 de enero cuando jugó su último duelo ante Girona (90-94) hasta su vuelta con 9:32 minutos jugados ante Granada, ya el 9 de mayo. Sin embargo, su curso fue algo menos tortuoso, al menos en lo relativo al juego.

Realmente, Trae nunca perdió la frescura. Ni en el inicio de temporada, ni en mitad de curso antes de su lesión. Nunca dejó de ser una de las mayores puntas de lanza en ataque, con esas penetraciones hábiles que ya son patrimonio de Zaragoza. Obviamente, le costó algo más arrancar tras cuatro meses fuera, pero llegó a tiempo para dar la campanada ante su exequipo y frente a la que fue su afición que, por cierto, en su presentación, estuvo aplaudiendo cerca de un minuto, demostrando el cariño y respeto que dejó el canadiense en terreno gallego.

En este duelo, al canadiense le costó engrasar la maquinaria, pero una vez que abrió la veda, aquello fue un delirio, especialmente su último cuarto, en el que fue el autor intelectual de una victoria que Spissu la hizo material. Y es que los 13 puntos, 2 rebotes y 2 asistencias para 19 créditos con 5 faltas recibidas en 6:39 que jugó en el último cuarto atentan contra la lógica, pues sigue pareciendo imposible que el canadiense tuviera tiempo para firmar una actuación tan inapelable.

Al final, el puesto de base, como su propio nombre indica, debe ser la base sobre la que empiece a crecer todo. Desde ahí se ordena el juego, se marca el pulso y se sostiene a un equipo cuando la temporada se llena de curvas. Siempre se dice que el baloncesto es un deporte de altos en el que los pequeños son imprescindibles. Y en ese camino, Spissu y Bell-Haynes han demostrado que pueden ser mucho más que los autores del milagro de Lugo: pueden ser el primer punto de apoyo para que el Casademont Zaragoza vuelva a caminar con firmeza