El 1x1 del Real Zaragoza ante el Real Valladolid: un paso más hacia el infierno
El Real Zaragoza perdió ante el Real Valladolid y da un paso definitivo hacia el descenso, un salto a los infiernos. Perdió de principio a fin, en otro catalogo de impotencia, en una derrota que se escribió en el prólogo y que fue un mar de lágrimas en el cierre.
Las notas del Real Zaragoza
Adrián Rodríguez (5): Tardó poco en encajar el primer gol de la tarde, en una acción de estrategia. Rozó el remate de Latasa, pero poco pudo hacer ante un cabezazo nítido, limpio de un especialista. Poco pudo hacer en el segundo tanto, desbordado también por Carvajal. Su tragedia se confirma: sin ser responsable de las derrotas, no sabe vencer en el Real Zaragoza.
Juan Sebastián (4): Tímido de nuevo, tiene carrera y zancada, pero le falta ambición y le sobra miedo. Teme romper un plato y eso siempre fue un error imperdonable en este juego. Biuk le amenazó en el duelo individual y le faltó convicción en sus aventuras en el área. Las promesas de verano quedan lejos. Año perdido. El suyo y el de todo el equipo.
Pablo Insua (3): Los primeros instantes señalaron sus dudas, vencido por Latasa en la acción de la verdad. Se quedó atrapado en una red de bloqueos y llegó tarde al salto definitivo. Se le vio lento, perdedor en el duelo individual. Derrotado de pe a pa, tuvo en su cabeza un gol que hubiera servido para perdonar su primera mitad. Acabó pidiendo el cambio, demostrando que no tiene físico ya para esta recta final.
Jawad El Yamiq (2): Nervioso, errático, Valladolid comprobó que ya no es el mismo futbolista. Perdió duelos y la batalla individual, contra el rival, el mundo y su propia sombra. Su partido acabó en el descanso. Su regreso, en decepción total.
Juan Larios (4): Parece la pata más sólida de la defensa, sin que eso sea un notable o un sobresaliente. Su carrera corta le ofrece la opción de cambiar de opinión muchas veces, tiene regate y soluciones en velocidad. Pero ha jugado media vuelta y no ha provocado situaciones de peligro en ataque. Sus errores ante el Leganés y el Mirandés le han generado un trauma y en su fútbol hay intenciones, pero poco atrevimiento.
Keidi Bare (4): Le costó imponerse y le obsesionó la batalla arbitral. Quemado en el registro particular, perdió batallas silenciosas, por mucho que utilizara el pase para progresar. Desquiciado en algún tramo, dirigió el tráfico de forma demasiado horizontal. En grandes distancias, el partido le suele sobrepasar.
Toni Moya (3): Su primera mitad fue lenta y pesada, el fiel reflejo de un futbolista que no está. Sin tener agilidad en sus piernas, siempre le costó ganar protagonismo con sus pies. Mejoró en la segunda mitad, a partir del pase y bordeó el gol con un disparo desde la larga distancia. Hay calidad en su fútbol, pero siempre le vence la irregularidad. David Navarro creyó en su fútbol y es otro de los que Moya se ha encargado de defraudar.
Francho Serrano (4): Herido, buscó progresar en el costado diestro. Un mal gesto le dejó cojo durante mucho tiempo. En la segunda mitad, solo lo pudo intentar, pero sus acciones no tuvieron cierre y a su fútbol le faltó profundidad. Se fue pronto. Apagado, herido, sobrepasado por la derrota que su equipo no para de contar.
Rober González (7): Es el principio y el final del Zaragoza, el único futbolista que pudo iluminar a un equipo a oscuras. Durante muchos minutos fue el mejor futbolista sobre el césped. Su partido fue un uno contra todos, una guerra en solitario. Ganó muchas veces a partir de su talento, pero le faltó acompañamiento, jugadores que supieran hablar su mismo lenguaje. Está solo y este siempre fue un juego colectivo.
Marcos Cuenca (3): Voluntarioso, pero derrotado en la batalla individual. Volvió a ser generoso, pero le costó tener incidencia y acierto con balón. No dejó ningún registro prometedor en Valladolid.
Dani Gómez (4): Amagó con el gol en la primera mitad y en la segunda dejó una buena asistencia que Kodro no supo culminar. No siempre elige bien y escribe nudos con sus pies, pero se ofreció sin descanso. Sin notas en las áreas, su estatus en la categoría sigue estando muy por encima de su rendimiento en los partidos de la verdad.
Cambios del Real Zaragoza:
Alejandro Gomes (4): Salió tras el descanso y el partido no era sencillo para nadie, ni mucho menos para él. Se fajó con Latasa y cuando había recortado algunas distancias en el duelo, cometió un error garrafal, que significó la sentencia del Zaragoza. Tierno.
Hugo Pinilla (4): El equipo no le encontró, quizá alejado de la zona en la que el peligro del Zaragoza podía escribirse. Ha dejado de enlazar con Rober en los partidos y Kodro le estorbó en la única ocasión en la que pudo rematar.
Kenan Kodro (4): Tuvo el gol en sus pies nada más entrar, pero ahora le pesa un síndrome habitual: el de los delanteros que no encuentran sus goles. Si en algún punto pareció un elemento clave hacia la salvación, hoy acumula un gafe del que no se consigue liberar. Y es un cómplice de este paso infernal.
Mario Soberón (0): Volvió a jugar mucho tiempo después, pero justificó todo el tiempo que había faltado. Cuando el Zaragoza buscaba un empate a la desesperada, él acabó con cualquier opción con su expulsión. Imperdonable.
Entrenador:
David Navarro (4): Eligió pies para dominar un partido definitivo y el grupo perdió pronto y lo hizo hasta el final. La condena se escribió en un córner, en un mal endémico que este Real Zaragoza nunca supo corregir. Su equipo masticó la jugada, pero fue otra vez un catálogo de impotencia, un ejercicio de incapacidad. Los cambios no hicieron progresar al equipo y le dejaron en mal lugar: Soberón no dejó huellas en el área y sí en el tobillo del rival. Ahí se acabó el Zaragoza, convertido ya en un mar de lágrimas.