Entrevista con Miriam Llop: “He descubierto en mí una capacidad de sufrimiento que no conocía”
En una entrevista con Sport Aragón, Miriam Llop, referente del trail aragonés, explica cómo equilibra dos trabajos, la maternidad y su vida en la élite de la disciplina
Miriam Llop no corre: resiste, organiza su vida al milímetro y desafía cada día al reloj. A las 05:30 de la mañana, cuando la mayoría duerme, ella ya está sumando kilómetros en silencio, robándole tiempo al descanso para regalárselo a la montaña. Después vendrá todo lo demás: su trabajo como enfermera de quirófano, su consulta de psicología, su papel de madre, de pareja, de hija. Un equilibrio casi imposible que sostiene con disciplina férrea y una convicción inquebrantable. Porque para ella, correr no es un deporte, es una forma de estar en el mundo. Una “bendita locura” que ha terminado por definir quién es .
Detrás de cada dorsal hay mucho más que resultados -que también los hay, y de primer nivel-. Hay madrugones, sacrificios invisibles y una capacidad de sufrimiento que, como ella misma reconoce, “no sabía que tenía”. Miriam es de las que aprendió sola, a base de caídas, kilómetros y constancia, hasta convertirse en referente del ultra trail aragonés. En ese camino ha firmado logros de enorme nivel: campeona de Aragón absoluta de ultra trail en 2023, subcampeona de Aragón absoluta y campeona veterana en 2024 y tercera veterana en el Campeonato de España 2025 de SnowRunning. En la montaña encontró algo más que un reto físico: “te ayuda a ordenar la cabeza”, explica. Un espacio donde medirse, donde caer y levantarse, donde repetirse que “cuando no puedes más, aún puedes un poco más”. Y quizá por eso, cuando habla de recorrer 100 kilómetros entre cumbres, lo hace desde una certeza sencilla y poderosa: esto no es solo deporte, es vida.
PREGUNTA: ¿Qué significa para usted correr?
RESPUESTA: Ya forma parte de mi vida. Desde hace tantos años que está integrado ya en mi día a día, que yo creo que resultaría duro ahora no hacer este deporte. Es tu rato, tu tiempo de pensar, tu segregación de endorfinas... ese ratico del día que tienes para ti. Pero ya está, porque ya después te metes en la vorágine del día a día y se acabó.
P: Siempre habla de que el trail running es una “bendita locura". ¿Cuándo sintió por primera vez esa conexión tan profunda con la montaña o con la disciplina?
R: Desde bien pequeña he hecho deporte. Soy de un pueblo pequeño del Bajo Aragón (Fabala) y allí no teníamos ni pabellón ni nada y siempre iba con la bici. De mis amigas era la que hacía deporte. Empecé muy pronto a jugar fútbol sala, en el colegio, en el instituto y también en la universidad. También le daba al ciclismo, corría algún día entre semana, pero poquito. Cuando me quedé embarazada salí a trotar mucho más y, a partir del embarazo, es cuando más me dedique a correr, porque la bicicleta necesitaba mucho tiempo y, con dos trabajos que tengo, la niña y todo, no me daba tiempo a salir dos o tres horas a entrenar. Corriendo parecía que con 50 minutos te cundía. De hecho, el día que nació mi hija corrí por la mañana ocho kilómetros y por la noche di a luz. Así de movida me ha salido la cría (ríe). Además, un día fui con unos amigos a descubrir la montaña y la verdad es que es otra historia. Me enamoré de correr en el monte, de los paisajes. No es solo el momento agónico de las tiradas de asfalto, sino que es un sube y baja, ahora ando, ahora corro, ahora troto, ahora paro. Es otra forma de ejercitar tu cuerpo.
P: ¿Qué le ha enseñado esta disciplina que no le haya enseñado ninguna otra faceta de su vida? O, más bien, ¿qué le ha aportado?
R: He descubierto en mí una capacidad de sufrimiento que pensaba que no tenía. Cuando no puedes más, aún puedes un poquito más. La cabeza me la he ordenado bastante, dentro de lo que cabe (ríe). Te ayuda a pensar y a ser consciente de que tienes que currar mucho, porque esto no es un trabajo de día a día, es de muchos años. No es me pongo a correr y me hago una ultra de 100 kilómetros. Necesitas constancia, capacidad de sufrimiento, perseverancia, compromiso y el querer estar bien. Me he hecho más a mí misma, la verdad.
P: Su rutina empieza a las 05:30, ¿cómo es un día completo en su ajetreada vida?
R: El despertador suena a las 5:30 o 5:15 de la mañana, depende del rato que tenga ese día de entrenamiento. Voy a correr, vuelvo, me ducho, despierto a la niña, la bajo a casa de mis padres para que la lleven al colegio, me voy al hospital, hago mi jornada de siete horas en quirófano y, al ser psicológica también, paso consulta a media jornada con una compañera. Después del hospital, habitualmente me voy a la consulta, comiendo de tupper todos los días, y cuando salgo, que es sobre las 17:30 ya recojo a la niña y nos ponemos a extraescolares, deberes, exámenes, casa, etc. A veces, mientras la niña está en algún extraescolar, un par de días a la semana me suelo escapar al gimnasio. Lo tengo cerquita de casa, y me bajo media hora. Después, cenamos y a dormir a las 9:30.
P: ¿Cómo consigue equilibrar su trabajo en quirófano, la psicología, la familia y el deporte de alto nivel? ¿Alguna vez ha pensado en decir "hasta aquí"?
R: Todos los días. Todos los días, a las 5:30, cuando suena el despertador me digo a mi misma: "¿Qué necesidad tengo?". Lo que pasa es que después, cuando haces una carrera o una competición, o te llaman seleccionador, o piensan en ti para algunas cosas, pues ves que al final vale la pena el sacrificio de cada día, tantos años, esa constancia. Pero lo que es ganas ya te digo que a las 5:30 cuando suena el despertador no tengo ninguna. Pero eso es lo que marca la diferencia, el ser una persona disciplinada. Otros dirían, ¿sabes qué? Mañana.
P: Como psicóloga, usted entiende la mente humana mejor que nadie. ¿Cómo trabaja la fortaleza mental en carreras de más de 100 km?
R: Cuando te apuntas a una carrera de 100 kilómetros o más, ya meses antes (porque normalmente las inscripciones salen seis o diez meses antes), ya te vas haciendo la idea. Ves cuanto tiempo tienes que entrenar y te vas haciendo a la de idea. La primera sí que cuesta, pero las demás ya más o menos te vas poniendo las metas. En la salida, nos da a todos pereza, pero cuando estás ya en marcha te vas poniendo pequeñas metas. Como con la vida en sí. Primero piensas en el primer avituallamiento, en el siguiente, que en la hora siguiente tienes que comer... te vas poniendo pequeñas metas que te dan alicientes. De hecho, se me hace más larga una carrera de 30 kilómetros que una de 100. Ahora, tras tantos años, ya sabes que tanto en carreras cortas como largas van a haber momentos de todo. Van a haber momentos de bajón, de subidón, de alegría, de tristeza, de tener ganas de llorar, de decir "¿quién me ha metido aquí? Además pagando". Tengo una frase que es hasta lo malo se pasa. Entonces, cuando me viene ese pensamiento, pues empiezas a resetear, cambiar un poco el chip, pensar en por qué y por quién estás aquí. A veces no solo es por ti, sino por más gente. Y pensar: "un ratico y esto se pasa". Y así es, hasta lo malo pasa.
P: Viene de grandes resultados en Aragón y a nivel nacional: ¿Cómo valora su evolución en estos años?
R: Empezamos con carreras cerquita y, cuando ves que te va gustando y las cosas van saliendo, te apuntas a carreras más lejanas para ver terrenos nuevos, sin abandonarlas las de aquí cerquita. Yo cuando empecé a correr, pues es que no sabía correr. Es que no sabía correr.
P: No me diga eso después de tantos logros, hombre...
R: Es verdad. Una compañera de trabajo que corría me dijo un día de hacer 5 kilómetros y yo le dije: ¿¡Yo!? ¿¡5 kilómetros!? Y mira, acabo haciendo 100 y pico. Ahora sí que hay escuelas de trail y de running que te enseñan a correr, la técnica, biomecánica y todo. Yo fui autodidacta. Subía al monte bien y en la bajada me pegaba cada leche... pero de abrirme el labio y todo. Con el tiempo aprendes a correr, después conoces a gente que te enseña, tengo unos fisioterapeutas que se llaman MOVE, que me trabajan la biomecánica desde hace tiempo para evitar lesiones. Entonces con eso se va mejorando dentro de lo que hay, porque yo es que tengo unos añicos ya, o sea... no creo que vaya a más a mis 46 años.
P: Bueno, pero al final con el tiempo adquiere más técnica y más conocimiento sobre su cuerpo...
R: Es todo el mejorar. Para que tu vida deportiva, entre comillas, sea longeva tienes que hacer las cosas bien. Por eso es necesario tener entrenadores y fisioterapeutas que te ayuden y den pautas. Si vas a competir tantas horas no se pueden hacer de cualquier manera, porque después vienen las lesiones. Hay que aprovechar que ahora tenemos tantísimos profesiones a nuestro alrededor.
P: ¿Cuál ha sido la carrera más dura que ha disputado hasta ahora?
R: Uy, tengo varias. La primera ultra que hice, que fue la Aneto Posets, fue dura, porque tuve la cintilla tocada durante los últimos 50 kilómetros. Yo por mi cabezonería tenía que terminar y así fue. Ahora no lo haría. Si estoy lesionada, me retiro. Me quedan 50 kilómetros aún, me retiro.
P: Esa Miriam era más inconsciente que la de ahora, ¿no?
R: Totalmente. Después otra que también sufrí bastante fue el año pasado con la selección aragonesa en el Campeonato de España. Desde el kilómetro 0 empecé con molestias intestinales, estuve con diarrea toda la carrera. La verdad es que terminé por orgullo. Lo pasé muy mal y me costó muchos meses recuperarme del estómago. Ha sido más bien problemas físicos, nunca mentales. Nunca me he bloqueado y he pensado en abandonar por ello.
P: ¿Y la más especial?
R: Hay muchas, pero hay una en Burgos que se llama La Picón de Castro que es preciosa y hay muy buena gente. Tengo que volver. De por aquí cerca te diría la 8K de Panticosa y el Valle de Tena. Es verdad que el día que me tocó correr hizo un día de perros, pero es muy bonita y me gustó mucho. Es que claro, aquí en Aragón tenemos tantas y tan cerca... Pero esa fue especial. También, el Campeonato de Aragón, por la gente con la que estaba. Me fue bastante bien. Me sacrifiqué bastante.
P: Ahora que comenta su participación con la selección española y aragonesa ¿Qué se siente al ser seleccionada y representarías a la comunidad o al país? ¿Qué diferencias puede haber respecto a cuando se apuntas usted misma en solitario?
R: Hay una parte de presión. Estás entrenando mucho y ese día tiene que salir todo. No puede fallar nada. La verdad es que tenemos un seleccionador, Sergio Serrano, que es un tío que te escucha, está contigo, te apoya y te comprende y tal. También hay ilusión. Yo, por ejemplo, tengo una cría y a Nacho, mi pareja, y les hace muchísima ilusión cuando voy la selección. Mi hija presume de madre. No presume de que trabajo en un quirófano, ni de que soy psicóloga, pero presume de que su madre corre. O sea, a ese nivel (ríe).
P: Da al resto un gran ejemplo de resiliencia y sacrificio...
R: En casa yo estoy transmitiendo esos valores. El deporte, la deportividad... la verdad es que el trail es un deporte de muchísimo compañerismo. Todos los de la selección nos queremos un montón, nos ayudamos unos a otros, nos damos consejos... Y en carrera, si pasa algo, pues te paras, aunque no lo conozcas a la otra persona. Si le pasa algo, le ayudas. Yo he jugado al fútbol sala y he practicado muchos deportes y esto no lo he vivido. Me alegro por mí, pero también por los que están conmigo y tienen que sufrir mis horas fuera. Mi hija, de pequeña, siempre decía de pequeña: "La mami, ¿está trabajando o corriendo?". Y me gustaría cambiar un poco ese contexto. Mis padres también me han apoyado mucho, mi hermano... Mi pareja también me ha ayudado un montón. Si volviera a empezar de cero y me propusieran este mundillo, diría que sí pero no a este nivel. No de estas maneras.
P: El calendario 2026 es muy ambicioso. ¿Cuál es el gran objetivo del año?
R: Ahora tenemos la Copa de España, que es en mayo. Luego vamos a Andorra y después en junio voy Ávila. Son tres ultras en tres meses, ya hice una hace 15 días, y me quedan dos. En 15 días nos vamos a Francia también a correr.
P: ¿Para estas competiciones está entrenando de alguna forma puntual o sigue su itinerario habitual?
R: Son tantos años... pero sí. Según la competición que sea, de más o menos kilómetros, o más desnivel o menos desnivel, o terreno más técnico o menos técnico, pues tienes que prepararte para ello, metiendo muchas horas en el monte, muchas horas entre semana también, de calidad, gimnasio y que nos respeten las lesiones. Ahora nos vamos de puente y ya he avisado en casa que por la mañana... a ratitos no me verán (ríe).
P: En resumen, ¿Por qué correr 100 km por montaña es, como dice, una bendición?
R: Este deporte te tiene que gustar. Hay gente que dice, yo no corro ni para coger el autobús. Y yo tampoco. Yo solo corro cuando me pongo el cronómetro. Pero resumiendo, te despejas, es tu momento, el paisaje... todo lo que conlleva estar en la naturaleza. También los valores que puedes transmitir. También toda la gente que durante el camino vas conociendo tras tantos años. Eso también es muy importante. He hecho grandes amigos con este deporte y esperamos que sigan muchos más.

