Tras hacerse con el récord Eriste-Posets-Eriste, Manuel Merillas fijó su objetivo en el Garmo Negro. Conoce bien este pico, que subió por primera vez en 2011. «Lo he subido muchas veces y en todas las condiciones: con nieve, con hielo, en verano. No tiene secretos», dice. Solo ha tenido como aliados a dos amigos asturianos: Sergio Alonso y su novia Laila. En esta ocasión, Zar, el bordie-collie que siempre le acompaña a Merilllas se fue con la pareja. El can no podía seguir a su compañero en los pasos técnicos así que solo estuvo en la bajada. «Le he echado en falta. En estos retos siempre está pegado a mí, a no ser que vea una marmota», suelta.

Merillas siguió fiel a su rutina. Tras hacer noche en la furgo y en el mismo Balneario de Panticosa, hacia las 10.10 pidió a sus compañeros que fueran para arriba. Él salió a las 10.45. «Me he encontrado a muchísima gente en la montaña. Igual había más de 200 personas. Nunca he visto a tanta gente en la mente. Mucha gente ha flipado cuando me ha visto», con ese énfasis que aplica a cada entrecomillado con un fuerte acento del norte de León. No le han parado ni las ampollas de sus talones que le hicieron dudar sobre si afrontar o no el récord. «¿Cansado? Ya descansaré en la tumba», dice riéndose en conversación telefónica. La bajada ha sido dura. casi toda la ascensión la ha tenido que hacer forzando los gemelos debido a esas ampollas.
La celebración de Merillas al Garmo Negro con ese crono, cómo no, con el jamón que se trajo. Ya le ha dado un buen tute. Se empieza a ver el hueso. Ahora va camino de Torla. Mañana quiere reconocer Monte Perdido y el domingo, si sus talones se lo permiten, irá a por otro récord en otro tresmil. El actual mejor tiempo es de Aritz Egea.