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Míchel por siempre, pero no para siempre

«Las hemerotecas existen, y a más de uno le pueden sacar los colores, a mí el primero, que conste en acta. Pero a mí, me gusta ir a cara descubierta»

Perdonen mi sencillez. Aunque he leído a Víctor Hugo (menos) y a Tolkien, (bastante más), hoy vengo como casi siempre a hablarles de fútbol, de nuestra SD Huesca y de su situación actual. Míchel sigue en el centro del huracán, el más nombrado cuando se inicia una conversación sobre el Huesca, y también el más señalado. Unos lo señalaron desde el principio, otros se han sumado al carro en las últimas cuatro o cinco jornadas, y otros entre los que me incluyo, hemos sido de esos de un día le quiero y al otro no, un día saco la lanza para luchar a brazo partido en su bando mientras que otras veces me acabo preguntando porqué me enrolé en esa tropa. Porque el fútbol señores es algo parecido a una veleta, que gira según le va el viento.

A Míchel le empezó yendo todo en contra. Se enroló en un barco como capitán sin saber qué tripulación tendría, solo sabiendo que su destino debía ser Primera División. A la naviera le importaba poco el recorrido con tal que llegara a puerto, ya fuera primero, segundo o en la repesca.

Configurada la tripulación el viento cambió. Los marineros eran buenos y solventes, y aunque tuvieron que solventar alguna tormenta como la de perder más partidos de los esperados, finalmente capitán de barco y tripulación no sólo llegaron a puerto, sino que fueron los primeros en un sprint final tan maravilloso como conmovedor: hurras y gracias eternas a un tipo que con una idea consiguió lo que nunca nadie había conseguido en la historia, un título profesional acompañando a un ascenso.

Un nuevo y bravo océano

Y tras la primera gran regata, llegó el más difícil todavía: pelear contra trasatlánticos y carabelas mucho más potentes, con el único objetivo de dejar tres por detrás. Y aunque siempre fue a cola de regata el tiempo le sonreía, su equipo no ganaba pero tampoco perdía, jugaba bien a fútbol y no era inferior a los rivales.

Pero eso, que es loable, destacable y bonito, no puede ser eterno, ni sirve como escudo para justificarlo todo. A la SD Huesca no se le pide que a estas alturas de la temporada, casi llegando al ecuador, lleve 25 o 30 puntos y esté en zona tranquila. Se le pide que gane algún partido de vez en cuando, para no quedar descolgado de una pelea en la que sabemos que lo tiene complicado, pero que no deja de ser un equipo más de Primera, humilde sí, pero de Primera como el resto.

Y aquí viene cuando confundimos las churras con las merinas, porque pedirle al Huesca que cambie algo su juego, que tenga opciones distintas para cuando las cosas vienen mal dadas, no está reñida con el cariño y la admiración que hay que sentir por una plantilla que lo deja todo en el césped, o de un cuerpo técnico que ha conseguido un hito único en este club.

Porque Míchel quedará para siempre en el recuerdo por su Liga, por su ascenso, por su temporada sobresaliente en Segunda y por el buen arranque en Primera, pero no pasa nada por decir que algunas de sus decisiones son difícilmente comprensibles, o que su idea, que tan buenos resultados ha dado, no se va a ver manchada ni olvidada por si se cambia por un plan B, ni tampoco pasa nada por decir que un buen puñado de fútbolistas, están escasos para ser competitivos en Primera, no es un feo ni una deshonra decirlo, pensarlo o escribirlo.

Seamos consecuentes

Por eso soy de los que pienso que Míchel será de la SD Huesca para siempre, pero no tiene que estar siempre. Cuando tu idea es buena pero se queda un pelín corta, y no pareces dispuesto a cambiarla o a buscar otra alternativa, dar un paso al costado o pedirle que lo des, no es una deshonra.

No es una exigencia que el Huesca permanezca en Primera sí o sí, pero cuando tienes esa oportunidad, ganada con creces sobre el campo, hay que hacerlo todo por aprovecharla, y ahí el cariño, el afecto o lo hecho antes, no debe influir para nada en las decisiones que deben tomarse.

Porque con Míchel comparto muchas cosas: su plan inicial de juego, su gusto por la posesión, por crecer y ganar los partidos con balón, por insistir y por creer siempre aunque las cosas parezcan difíciles. Sin embargo no entiendo qué aporta Sergio Gómez siendo carrilero diestro ante el Barcelona, por qué el Huesca se empeña en centrar balones aéreos cuando Okazaki es titular y Mir es suplente, por poner algunos ejemplos.

Porque miren ustedes, en el fútbol, ni todo es blanco ni todo es negro, los grises son un término medio y a veces pueden parecer oportunistas, pero prefiero ser un oportunista a atrincherarme en una idea, y disparar a todo aquel que no piense como yo.

Por cierto, las hemerotecas existen, y a más de uno le pueden sacar los colores, a mí el primero, que conste en acta. Pero a mí, me gusta ir a cara descubierta, diciendo lo que pienso en cada momento y no lo que me convenga para mis intereses.

En busca de un interés común

Los suyos y mis intereses, queridos lectores, seguro que coinciden en lo más importante, que la SD Huesca se mantenga y siga creciendo. El camino para conseguirlo me da lo mismo si es el que yo les he intentado explicar aquí, o los múltiples que pueden aportar ustedes, porque ni mucho menos voy a decirles que lo que yo propongo sea lo único aceptable, el único itinerario a seguir.

Hay tiempo y gente sobradamente preparada para llevar este barco a puerto y que al menos llegue en el puesto 17, pero no es deshonroso cambiar el capitán del buque y a unos cuantos marineros para aumentar el nivel y para buscar otros rumbos. Creo que Tolkien y Víctor Hugo no se distinguieron por sus conocimientos navales. En fin, sigamos remando juntos. Si mis brazos sirven de algo, están a su disposición.

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