Sportevento 2018

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No es un adiós, tan solo un hasta luego

"Adiós Primera, adiós con honor. Esperamos volver, no sé bien si en cien años o pasado mañana"

Y así, como como aquél que ve caer el anochecer más bonito, se cerró la persiana de la Primera División en un Alcoraz ávido de abrazos cariñosos, de despedidas sentidas. Nunca un descenso fue tan dulce, tan lleno de detalles emotivos, tan predispuesto al te quiero. La SD Huesca ha llenado el zurrón de muchos y muy apasionados corazones. Ese el verdadero éxito, allí se encuentra el preciado tesoro.

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Pero como el mundo no se detiene ante nada y ante nadie, hoy comienza una nueva era, la que pondrá de manifiesto que entre tanta y tanta emoción algo bonito ha germinado. Hoy ser del Huesca es algo más que una muestra de sentimiento. Es una identidad, una forma de ser, de sentir y en definitiva de disfrutar. Nada es para siempre, pero la huella forjada a golpe de navaja, ha penetrado profunda, ha dibujado un camino, ha perforado hasta el alma.

Revivir el pasado, abrazar el futuro

Atrás quedará Ipurua y su bienvenida engañosa, tan bonita y placentera, que resultó ser una trampa. Ese 19 de agosto el bautismo desparramó buenas intenciones, abrillantó el camino, engatusó nuestra alma. Pero lejos de dibujar un camino de rosas, fue el principio del fin, una oda al amor, una efímera esperanza. Pero cómo olvidar San Mamés, el Nou Camp, el Sanchéz Pizjuán o el mismísimo Mestalla. Por no hablar del Bernabéu y esa entregada marea azulgrana. Recuerdos de una temporada imborrable que ni el sufrimiento ni la decepción borrarán del aficionado incansable, aquel que soñó alguna vez que esta aventura pasaba.

«Hay un futuro esperando y que si todos sabemos quienes somos, será más sencillo el mañana».

Porque la noche del fin quedará en la retina guardada. El adiós de Camacho, el cariño a Aguilera, los cánticos a ‘Chimy’, la ovación a Melero, el ‘Volveremos otra vez’, el sentimiento a flor de piel, las lágrimas de las despedidas, en definitiva, que nos vamos mejor que vinimos, que El Alcoraz está muy bonito, que hay un futuro esperando y que si todos sabemos quiénes somos, será más sencillo el mañana.

Sin apenas notarlo hemos puesto fin a una temporada en la alcoba, en el lugar donde dicen que los sueños se cumplen, que las hadas existen, que el amor nunca acaba, Adiós Primera, adiós con honor, esperamos volver y por si acaso, no cerréis la mirilla, pues seguros estamos que volveremos a vernos, no sé bien si en cien años o pasado mañana.

Gratitud, pero con los ojos abiertos

Eso sí, convendría a quien con más aciertos que errores han llevado a construir un presente saludable y un futuro halagüeño, que no olviden el día de ayer, que no confundan gratitud con cheques en blanco, ni promesas cocidas al calor de un engañoso ‘todo vale’. Porque ayer, El Alcoraz entre el ruido de las despedidas y el telón como fondo del final del bonito pero efímero sueño, expresó con claridad que si algo posee es opinión propia y que ni el susurro inconstante de verdades a medias y cuchicheos rastreos, consiguió acallarle, enterró su deseo.

La afición de Huesca, por suerte, tiene memoria y a pesar de haber coronado un sueño, ha asistido prudente a los errores contantes e injerencias desafortunadas en el momento más caliente, en el momento donde más se esperaba de ellos. Así que, cuidado con vanagloriarse, que uno, por muy grande que sea, no le conviene jugar con fuego. 

 

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