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Una superficie delicada

Análisis

La SD Huesca no ha logrado retener el equilibrio que tuvo en febrero. Los cambios en la zaga explican la cantidad de goles encajados en las últimas jornadas

Arizon y Gracia TOP Post

No comenzó nada mal el año para el Huesca. Tras el mazazo de Valencia, el conjunto oscense derrotó al Betis en El Alcoraz, aunque perdió en Leganés y cayó goleado ante el Atlético de Madrid. Pero tocó Anoeta. En aquella ocasión, por primera vez en mucho tiempo, Francisco retomó una defensa de cinco hombres que hasta entonces había usado con cuentagotas. Y funcionó.

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Pérdida de fiabilidad defensiva

Los azulgranas basaron su primer hilo de puntuación en conceder lo mínimo posible y en las peores condiciones. Etxeita, Insua y Pulido conformaban el eje y Miramón y Akapo ocupaban los carriles, todavía sin un zurdo. El empate ante la Real fue más que meritorio: supuso la primera ocasión de la temporada en la que el Huesca no encajó. Y en cuanto Galán se adueñó de la izquierda, el cuadro altoaragonés apabulló al Valladolid y asaltó Montilivi. Hasta 7 puntos de 9 disputados. Prácticamente increíble.

Aquel Huesca minimizaba con mucho acierto los acercamientos de sus rivales o los detenía en sus inmediaciones, y les otorgaba a sus líneas delanteras el poder el triunfo. Pero perdió a Insua, entró Diéguez y ganó el Athletic a la semana siguiente. Un mal, sin embargo, menor. Tablas en Cornellà y victoria agónica ante el Sevilla. El tropiezo ante los leones, propiciado por un inocente penalti de Diéguez, se quedaba en una simple anécdota. Y 11 puntos de 18. Nada mal… hasta Getafe.

El cuadro azulgrana tan solo había encajado tres tantos, todos a balón parado -una falta directa y dos penaltis-, en aquellos seis encuentros, lo que ponía en valor el excelente rendimiento de una zaga de tres perfectamente compenetrada y con unas grandes cualidades para anticipar, defender el área o incluso correr hacia atrás, principal aprieto para un defensor. Pero, como Insua, cayó Diéguez. Y ni el parche de Musto ni las posibilidades de Mantovani le han permitido al Huesca casi ni puntuar, habiendo perdido toda su fiabilidad.

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Mantovani, con pinzas

Después de perder en el Coliseum, el central argentino ha conformado la defensa azulgrana junto a Etxeita y Pulido. Los 9 goles en contra en los últimos 3 partidos no responden a su consecuencia directa, pero han dejado entrever algunas de sus carencias. Imponente en el juego y duelo aéreo y tras haber cuajado sus mejores minutos ante el Alavés, Mantovani se antojaba como el zaguero que el Huesca tanto había y estaba necesitando. Sin embargo, el Bernabéu y un Celta lleno de talento para el desequilibrio fueron demasiado.

Ante el cuadro vigués, Mantovani fue el que más despejó -hasta 6 veces- los centros realizados al área local, demostrando su mayor virtud. Sin embargo, erró todas sus entradas y solo recuperó un balón por los 5 de Pulido -que jugó una hora de lateral- y los 8 de Etxeita. Además, el ‘2’ no cometió ninguna falta el terreno propio. Al no destacar por su velocidad, o llegaba demasiado tarde o en peores condiciones para el robo. Y ambos casos le permitían al Celta seguir corriendo hacia delante.

Inesperada fragilidad

Hasta el cambio de Francisco a un falso 4-3-3, el Huesca estaba sufriendo en exceso cada vez que el Celta se soltaba traspasada la medular. Los defensas azulgranas no podían contener a un rival cuyas acciones ofensivas se originan desde el cuero. En lugar de temporizar, uno de ellos saltaba -Mantovani- y las consiguientes tardías basculaciones de Etxeita y Pulido desencadenaban la superioridad rival ante Santamaría.

Con la modificación del sistema y Pulido en el lateral derecho, el Huesca sumó un efectivo por delante de la zaga e incomodó más y mejor al Celta cuando poseía en salida, por lo que sus envíos eran algo más forzados, imprecisos y, por ende, más asequibles para una pareja formada por Etxeita y Mantovani. El ex del Leganés, de todas formas, quedó en evidencia ante un rival tan hábil en trescuartos y cuyos ataques siempre eran sinónimo de peligro. Otro dilema más para un Francisco que, lastrado por contratiempos de todo tipo, poco más puede hacer.

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