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Una vida dedicada a la escalada

Fernando Cobo

Andaluz afincado en Madrid y enamorado de Riglos, Fernando Cobo fue el primer español en la cima de Cerro Torre y sigue abriendo vías

Ciudadela de Jaca Post

“En las grandes montañas empiezas haciendo deporte y terminas luchando por salir vivo”.  Fernando Cobo frisa los 60 años.  Descubrió Riglos y después de la mili vivió allí ocho años. Andaluz de Jaén hizo de Madrid su casa y los Mallos su particular patio de recreo cuando la escalada tenía un fuerte acento de aventura. Representante de la aragonesa Trangoworld para la zona centro de España y Portugal, Fernando Cobo sigue incombustible. Este verano ha abierto un par de vías –‘Alimoche’ y ‘Palestina’– en esas paredes que cada mañana cuando se despierta ve desde su casa. Un frontispicio brutal, protagonista de mil aventuras y de otras tantas por firmar con una premisa: “Siempre abro las vías desde abajo”.

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La ‘Pajaro’ al Pisón, ‘Helios’ al Puro, ‘La ley del guerrero’ a la Visera forman parte de su currículo. Habla de forma pausada. Del que controla las pulsaciones. Guía de montaña, Fernando Cobo pertenece a una generación de montañeros que marcaron el camino en un deporte donde solo los ochomiles parece que interesan y del que huye. Llegó a Riglos a finales del verano del 80, en septiembre, y en octubre, después de cuatro días sin que la cordada se bajara de la pared abrió el Pájaro. Sin duda, otra forma de entender la escalada donde las prisas no tienen cabida.

Durante 24 años fue guía de expediciones. Alaska, el Himalaya en 12 ocasiones, los Andes han sido territorios de trabajo. El 29 de diciembre de 1985, con Claudio Sánchez, Tito, guarda del refugio del Naranjo de Bulnes, hicieron cima en Cerro Torre. Fueron los primeros españoles en escalar esa aguja de granito considerada como la montaña más difícil de escalar del mundo. Dos datos para encorsetar lo que hicieron. Era la 12/13 cordada -no está claro- del mundo en conseguirla y Bonatti, el más grande entre los grandes, no la consiguió. Ni tampoco Messner.

Lo habían intentado antes, en el 82, con una cordada donde también estaba el aragonés Miguel Ángel Lausín. Fernando Cobo siempre ha tenido a Aragón como una referencia. O más exactamente los Pirineos. Es la escuela por excelencia. En un mundo ordenado, la escuela para paredes con más compromiso, para travesías de montaña más altas. El currículo de Fernando Cobo se agrandó en 2002. En esa ocasión fue en la Torre del Trango, en el karakorum. Otra gesta para enmarcar. Una vía de 2.200 metros de pared -dos veces y medio la del Capitán en Yosemite-, 21 días trabajando con una cordada compuesta por Máximo Murcia, Jonn Lazcano y Guillermo Bañales. Para quienes le gustan esto del grado, una 6c a3. Para el grueso: algo al alcance de muy pocos.

Apura Fernando Cobo la calada a un cigarrillo de liar, con los Riglos al fondo. Los podrás ver una y mil veces, pero siempre los encontrarás distinto. En ese momento llueve en la terraza de la casa del escalador, el sol ilumina los Mallos. Es un contraste brutal y Fernando Cobo sigue con su habla pausada, esquivando cuando se le pregunta cómo sienten los elogios y con esa idea de que la escalada debe tener siempre un componente de aventura.

Podcast de la entrevista a Fernando Cobo

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