La crónica del Perfumerías Avenida (69-67) Casademont Zaragoza. La moneda sigue girando en el aire
Poco o nada quedó resuelto en Salamanca. El billete a la final sigue flotando en el aire y será el Príncipe Felipe quien termine dictando sentencia este próximo domingo. De momento, el Perfumerías Avenida golpeó primero y se llevó la ida por un ajustado 69-67 en un partido de esos que nunca terminan de pertenecer del todo a nadie. Las de Anna Montañana vivieron durante muchos tramos ligeramente por delante, sí, pero jamás consiguieron romper a un Casademont Zaragoza que volvió a demostrar que sabe sobrevivir en mitad del incendio y competir incluso cuando el viento sopla en contra.
Porque el partido fue un intercambio constante de golpes, emociones y pequeñas rebeliones. Hubo conatos de fuga para ambos equipos: el Casademont llegó a rozar el control en el tercer cuarto y el Avenida pareció acariciar media clasificación tras arrancar el último acto con un +10 que imponía respeto. Pero nadie logró rematar a nadie. Cada parcial encontraba respuesta. Cada mazazo devolvía otro. Igualdad fue la palabra que definió una semifinal que sigue completamente viva y cuyo desenlace viajará ahora a Zaragoza, donde la Marea Roja intentará convertir el Príncipe Felipe en el juez definitivo de la serie.
El duelo arrancó con un Perfumerías Avenida jugando una marcha por encima. Las salmantinas encontraron pronto el camino en Spreafico y en una Iyana Martín que hacía fácil lo difícil (5-2). Sin embargo, este Casademont Zaragoza ya ha demostrado demasiadas veces que no entiende de inicios incómodos. Hempe sacó la guadaña en la pintura y un triple a pura veteranía de Oma equilibró un primer tramo que tuvo aroma de partida de ajedrez entre dos gigantes (9-9). Sin embargo, con la entrada de las segundas unidades, el partido cambió de piel. Todo se volvió más espeso, más pantanoso. Avenida y Casademont empezaron a caminar entre pérdidas, faltas y ataques sin demasiado brillo, donde cada posesión pesaba como una hipoteca.
Es más, las salmantinas estuvieron hasta cuatro minutos sin ver aro, entrando en una especie de agujero negro ofensivo. Hasta que Cave terminó rompiendo el hielo y abrió una pequeña grieta, que Vilaró aprovechó desde el tiro libre antes de que Meyers culminara un parcial de 6-0. Arnau Ferreres tuvo que detener el encuentro (13-9). Y el Casademont respondió. Laia Flores captó el mensaje al vuelo y apareció con uno de esos triples suyos que parecen una daga silenciosa. A partir de ahí, emergió la Revolución francesa: Gueye y Bankolé irrumpieron con energía renovada, agresivas, eléctricas, decididas a cambiar el guion antes del final del cuarto. Y es que la alero gala cerró la reacción con un triplazo que volteó la película y devolvió el mando a un Casademont Zaragoza que supo mantenerse en pie en mitad de los baches (15-17).
En el segundo cuarto, el Avenida volvió a tomar la delantera ante un Casademont que se mostró demasiado cándido atrás, sin colmillo. Esto lo aprovechó una Iyana Martín que sacó a pasear su buena muñeca desde la periferia, seguida por una Cave acertada y una Spreafico cuyos triples cayeron como hojas de otoño, antes de que Vilaró rematara un parcial de 7-0 y 12 puntos en cuatro minutos dibujando el 27-21. Arnau Ferreres paró el partido. Las suyas necesitaban incomodar más, puntear tiros, ensuciar líneas de pase, subir la temperatura defensiva. Lo que fuera. Pero había que ponerle un tapón a aquella fuga de agua antes de que el partido se escapara corriente abajo.
El interludio fue puro efecto placebo, pues el Avenida siguió jugando a máxima revolución. Iyana era un auténtico relámpago atacando el aro y Takacs-Kiss aparecía por dentro y por fuera con esa autosuficiencia de quien siempre parece tener una respuesta preparada. El 35-24 a falta de tres minutos empezaba a sonar demasiado serio. La lectura era sencilla: sin defensa ni rebote, no hay playoffs. Y el Casademont, experto en sobrevivir a los incendios, reaccionó justo a tiempo. Desde una defensa mejorada, Fingall cogió la antorcha en transición, Gueye sacó la seda desde el triple y Oma puso el broche a un parcial de 7-0 en apenas un minuto que devolvía a las mañas a la yugular del Avenida (35-33).
Pero Iyana Martín es mucha Iyana Martín (y eso que hoy no tuvo el día con 5 pérdidas al descanso). Tiene clase, visión de juego, lucha... y especialmente tiro exterior y se encargó de demostrarlo con un gran lanzamiento que, a falta de un minuto y medio, quitó la música justo antes del estribillo, justo cuando mejor estaba el cuadro maño (38-33). Aunque rápidamente el Casademont volvió a darle al play, con una Laia que anotó tras un gran robo y transición de Vorackova y una Aminata que sacó provecho a la propia base asturiana (le pitaron técnica) para marcharse al descanso 39-36. La moneda seguía girando en el aire.
Un tercer cuarto de dos caras
El tercer cuarto fue una auténtica montaña rusa emocional. O, directamente, un partido dentro del partido. Tras unos primeros cinco minutos en los que el Casademont Zaragoza puso el candado atrás (solo dos puntos de Avenida), y en los que Mariona se inventó hasta dos triples sin fallo a pura rasmia, el partido entró en estado de ebullición, con más volantazos que una rotonda mal tomada (41-42). Spreafico volvió a sacar la artillería pesada y el intercambio de balas se produjo, con Laia anotando por aquí, Vorackova por allá, Cave penetrando... El caso es que el marcador siguió agarrado con pinzas (45-46). Quien tampoco terminó de aclararse fue una Iyana Martín que hoy entró en modo avión, cometiendo su séptima pérdida y siendo sentada por Montaña, esperanzada en que su mejor jugadora recuperara su versión más reconocible para el cuarto de la verdad.
A falta de dos minutos, Laia Flores volvió a dar otra masterclass más en defensa, robando y asistiendo a una Fingall que se llevó hasta dos canastas para la saca (45-50). El Avenida no terminaba de dar con el chiste en ataque y las mañas, a campo abierto, estaban siendo matadoras. Parecía el momento ideal de partido. Pero el cuadro local sacó carácter y fuerzas de flaqueza, de forma similar a como ha hecho el propio Casademont en muchos tramos de la temporada. Un parcial de 12-0, tan doloroso como inesperado, volvió a cambiar el paisaje por completo y dejó al conjunto maño contra las cuerdas antes del último asalto (56-50). Del posible golpe sobre la mesa… a volver a remar contracorriente en apenas dos minutos.
El último cuarto no arrancó precisamente con buenas noticias para un Casademont Zaragoza que empezó a mirar con vértigo la montaña del +10 levantada por Vilaró y Hermida (60-50). Sin embargo, lejos de bajar la cabeza, se pusieron la cota de malla y levantaron una muralla defensiva imprescindible para seguir respirando en la eliminatoria. Desde atrás, desde el sacrificio y desde el colmillo, el conjunto maño empezó a reconstruirse poco a poco. Bankolé agitó el partido con su energía habitual y Mariona junto a Vorackova comenzaron a coser ataques con paciencia de relojero, pico y pala, posesión a posesión, hasta reducir la herida a un ajustado 62-60 a falta de tres minutos. El dato hablaba por sí solo: apenas seis puntos encajados en siete minutos. El Casademont había vuelto a convertir el partido en una trinchera.
Y entonces llegó el caos. El tramo final entró en esa dimensión donde el baloncesto deja de responder a la lógica, porque entre Cave e Iyana (que volvió a pista muy mejorada) y Vorackova y Hempe con un triple marca de la casa, el partido quedaba cualquier cosa menos resuelto a falta de 18 segundos para concluir (67-67). Hubo tiempo muerto. Pizarra. Miradas largas. Y ahí apareció Iyana Martín. Sin temblarle el pulso, la base firmó una bombita de muchísima clase que cayó como una piedra sobre el Casademont Zaragoza, dejando apenas tres segundos para las mañas. De esta forma, el Avenida se acabó llevando la ida de estas semifinales por 69-67 y este domingo, en la vuelta, el Príncipe Felipe dictará sentencia.

