El baloncesto le debía una a Gonzalo García de Vitoria
Tras rozar la ACB en Melilla, ganársela en Ourense sin poder disfrutarla y volver a conquistarla con el Betis antes de que los problemas económicos echaran por tierra el ascenso, el técnico bilbaíno encuentra en el Casademont Zaragoza la oportunidad que tantas veces se le escapó
La Liga Endesa había coqueteado demasiadas veces con Gonzalo García de Vitoria sin terminar de invitarle a bailar. La rozó en Melilla, se ganó el billete en Ourense sin poder disfrutarlo y lo volvió a conseguir con el Real Betis antes de que la situación económica del club enterrara el premio. Por eso su continuidad en Casademont Zaragoza tiene algo de justicia deportiva. Cuando todo apuntaba a que la oportunidad podía escaparse otra vez, con Txus Vidorreta como prioridad rojilla para el banquillo, esta vez el desenlace fue distinto. A sus 55 años, el técnico bilbaíno podrá dirigir por fin una temporada completa en la Liga Endesa. Será el mayor reto de su carrera: llega motivado y curtido en mil batallas, aunque con la incógnita de estrenarse a tiempo completo como primer entrenador en la ACB.
Lo del coach vasco no fue solo una renovación. Fue el cierre de una espera larga, casi siempre lejos de los grandes focos. García de Vitoria llega a este punto después de más de dos décadas en banquillos de la FEB, entre proyectos modestos, presupuestos ajustados y equipos obligados a competir muchas veces por encima de sus posibilidades. Una carrera construida sin atajos, con más carretera que escaparate y con varias heridas deportivas por el camino.
En Melilla se convirtió en uno de los entrenadores más importantes de la historia del club. Allí ganó la Copa Príncipe en 2010 y rozó el ascenso a la ACB en dos ocasiones. Después llegó Ourense, quizá el capítulo más largo con, posiblemente, el momento más cruel de su carrera. En la temporada 2014/15, el COB ganó sobre la pista el derecho a competir en la máxima categoría, pero aquel ascenso nunca se materializó por problemas burocráticos y económicos.
Los años siguieron pasando. Tras su salida de Ourense, García de Vitoria pasó por Alicante y regresó a Melilla antes de recibir una oportunidad distinta. En 2023, Txus Vidorreta lo incorporó a su cuerpo técnico en el Lenovo Tenerife. Por primera vez, el bilbaíno pudo vivir el día a día de la Liga Endesa desde dentro y conocer uno de los proyectos más sólidos del baloncesto español. Aquel nombre, el de Vidorreta, volvería a cruzarse más adelante en su camino de una forma inesperada: ya no para acercarle a la ACB desde un segundo plano, sino para dejarle abierta en Zaragoza la oportunidad que tantas veces se le había escapado.
Antes, eso sí, llegó otro golpe del destino. García de Vitoria consiguió el ascenso con el Real Betis Baloncesto y pareció que, esta vez sí, la puerta de la ACB iba a abrirse definitivamente. Sin embargo, la delicada situación económica de la entidad sevillana acabó provocando su desaparición. De nuevo, el premio se quedó sin recompensa real cuando ya parecía al alcance de la mano. El déjà vú más doloroso volvía a producirse.
El periplo de García de Vitoria en el Casademont Zaragoza
Por eso resulta imposible no ver cierta ironía en todo lo ocurrido durante las últimas semanas. García de Vitoria llegó a Casademont Zaragoza como ayudante de Jesús Ramírez. Más tarde continuó formando parte del cuerpo técnico con Joan Plaza. Su papel estaba lejos del protagonismo mediático. Sin embargo, la crisis deportiva del equipo le colocó al frente del banquillo cuando apenas quedaban tres jornadas para el final y el descenso era una amenaza muy real. Lo que ocurrió después ya forma parte de la historia reciente del club. El Casademont sobrevivió sobre la cuerda floja. Lo hizo sufriendo, como había sufrido durante toda la temporada. Lo hizo en Lugo, en la última jornada y gracias a aquel triple imposible de Marco Spissu que evitó una caída histórica a Primera FEB. Y lo hizo con García de Vitoria al mando, en el momento más delicado del curso.
Ni siquiera entonces parecía seguro que fuera a continuar. El Casademont Zaragoza exploró otras alternativas para liderar el proyecto de su 25 aniversario, siendo Txus Vidorreta la prioridad, uno de los entrenadores más prestigiosos del baloncesto español. Sin embargo, tras toda una telenovela con más giros que certezas, el técnico vasco acabó firmando por Unicaja y el club rojillo decidió apostar por quien ya había demostrado conocer la casa, el vestuario y la presión de una situación límite.
Las dos caras de la moneda y la necesidad de darle herramientas al mecánico
La moneda, eso sí, tiene dos caras. Por un lado, Casademont apuesta por un entrenador motivado, identificado con el club y con una trayectoria que avala su capacidad para construir equipos competitivos. Por otro, García de Vitoria afrontará su primera temporada completa como técnico principal en la Liga Endesa. Tiene experiencia de sobra en los banquillos, pero todavía no como primer entrenador durante todo un curso en una categoría que castiga cada error y apenas concede tiempo para aprender sobre la marcha.
Precisamente por eso, su renovación tiene más significado que un simple movimiento de banquillo. No se trata únicamente de premiar una permanencia ni de entregar el equipo al héroe de Lugo. Se trata de asumir una apuesta con memoria, emoción y también riesgo. Casademont da continuidad a un entrenador que llevaba años demostrando su valía y que, por unas circunstancias u otras, siempre había visto cómo la oportunidad definitiva se le escapaba en el último momento. La Liga Endesa le abre la puerta a Gonzalo García de Vitoria, aunque todavía falta levantar casi todo lo que habrá al otro lado, pues el Casademont Zaragoza solo cuenta hoy con cuatro jugadores con contrato para el próximo curso (Yusta, Trae, Miguel y Jaime) y la confección de la plantilla aparece como el gran reto inmediato. Al mecánico ya lo tiene. Ahora toca darle herramientas.

