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El adiós del «pana»

Despedida

Más allá de su veintena de goles el aplauso global que se lleva Luis Suárez del Real Zaragoza es por su sacrificio y honestidad con la camiseta que vestía

Arizon y Gracia TOP Post

El Real Zaragoza como club parece tener reservado su mejor traje siempre para un delantero. Ese vínculo idílico se retrotrae desde tiempos pretéritos y solo algún ejemplo poco agraciado escapa de poderosa relación. Luis Suárez ha sido el último en vestir esa camiseta en la que a pesar de señalar el número 26 todo el mundo reconocía por hambre y talento a la referencia ofensiva del Real Zaragoza.

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En estas temporadas en Segunda División los blanquillos han aprendido a encontrar con facilidad un delantero sobresaliente año tras año. Sin embargo solo la sombra del «Panda» puede asemejarse al carisma desprendido por el delantero colombiano en los últimos meses. Suárez llegó como la alternativa, como el escudero de Dwamena. Sin embargo su temporada en la capital del viento le reconoce como uno de los delanteros cuyo nombre sonará de manera notable en el fútbol europeo durante los próximos diez años.

Una intensidad inigualable

El fútbol de Suárez además de por sus goles irrumpe por su sacrificio extremo. Su mente no entiende de límites cuando una pelota queda libre en campo rival o cuando un portero intenta controlar un balón. Ese desgaste desmedido levanta el aplauso fácil del respetable. Pero es que además le han servido un buen puñado de goles al conjunto aragonés . El mérito a la constancia y al trabajo.

Luis Javier Suárez se marcha del Real Zaragoza tras una etapa más de aprendizaje. El juego aéreo, la asociación, la definición, el golpeo en los penaltis… Lo mejor que tiene el colombiano es que puede mejorar todos sus atributos todavía. Y que posee el hambre y el espíritu de aquel que nunca quiere dejar de mejorar. Sus 19 goles han mantenido al equipo de Víctor Fernández en la terna constante por el ascenso directo.

«A Suárez solo queda darle las gracias»

A «Lucho» solo queda darle las gracias. Por su esfuerzo final e intentar permanecer en el equipo a pesar de que su propietario, el Watford, manifestara constantemente la nula intención de que continuara un día más su cesión. Un esfuerzo del que nadie debería dudar tras haberle visto desgastarse jornada tras jornada sobre la hierba de Segunda.

Porque Luis Suárez es emoción, es sentimiento, es el vínculo con la grada, es el entusiasmo desmedido de aquel que se lo deja todo por la camiseta que viste con orgullo. Pocos jugadores tan singulares han pasado por el club en los últimos años. Ojalá que ese tipo de cabalgadas al espacio no tarden en verse por la Romareda. Sea con la camiseta del Real Zaragoza o con otra de un equipo de Primera División. El aplauso al «pana» será indiscutible.

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