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La caída de un estandarte

"Cuando tu entrenador se va a otro club donde va a luchar por los mismos objetivos que los tuyos, te sientes ninguneado, humillado, traicionado"

Oficial, Pacheta entrenará al Real Valladolid, uno de los rivales más fuertes en la próxima temporada para la SD Huesca en la lucha por el ascenso. De todas las decisiones que podría haber tomado, sin duda, es una de las más dolorosas. Porque la historia de Pacheta con el Huesca fue corta sí, pero también fue intensa, emocional y pasional, y quizá por eso mismo el dolor sea mayor. Y es que, después de todo lo vivido, y aunque no haya podido ser de manera presencial, es normal que la afición azulgrana se sienta ahora mismo traicionada.

Desde su llegada, el burgalés supo dar en el corazón de cada altoaragonés. Asimiló muy bien los valores del club, de la provincia y los mantuvo en cada uno de sus discursos previos y posteriores a los partidos. Reactivó a la plantilla y les sacó esa garra que todo equipo humilde debe tener para alzarse contra los grandes y conseguir un objetivo tan complicado como es la permanencia. Se llegó hasta la última jornada con vida, pero no se pudo superar al Valencia aunque el equipo dependía de sí mismo. El verdugo fue el Elche, irónicamente, su antiguo club.

La comunidad altoaragonesa apoyó cada uno de sus pasos y de sus decisiones porque él supo ganárselos desde el principio; y por eso mismo, el dolor es mayor. Porque cuando el club le ofreció renovar y este lo rechazó, todo el mundo entendió que aquel hombre se merecía una oportunidad en Primera División. El Getafe, un equipo tan guerrero como él, encajaba a la percepción… pero aquella operación no llegó. ¿Granada? Bueno, podía encajar. Tampoco se cumplió.

Fue entonces cuando la afición comenzó a darse cuenta de que las opciones se estaban reduciendo a la Segunda División y, fue entonces, cuando los seguidores acérrimos de Pacheta comenzaron a bajarlo del pedestal. Hasta hoy, cuando los pucelanos han confirmado el peor de los temores. Porque tan solo un fichaje por el máximo rival territorial, el Real Zaragoza, podría haber dolido más.

Esta afición, después de todo lo vivido, merecía una rueda de prensa de despedida

Cuando tu entrenador se va a otro club donde va a luchar por los mismos objetivos que los tuyos, te sientes ninguneado, humillado, traicionado. Sientes que, después de todo el amor que has entregado, el resultado ha sido una puñalada por la espalda.

Sin embargo, en este momento también hay que pedir calma. Es muy fácil dejarse llevar por las emociones del momento pero de persona sabia es intentar comprender la situación, empatizar. Quizá Pacheta haya recibido un proyecto mucho más jugoso con Ronaldo a la cabeza; quizá Rubén García y Petón no le daban la libertad o las certezas que él quería o incluso puede que pensara que su discurso ya estaba quemado en la SD Huesca después de una temporada de tanto estrés continuo.

Tan solo sabemos la versión del club pero eso es otro fallo del propio Pacheta. Porque esta afición, después de todo lo vivido, merecía una rueda de prensa de despedida, donde explicara sus razones y no un sobrio adiós a través de sus redes sociales. Al final, el estandarte cayó y cuando un estandarte cae, las tropas pueden dispersarse. Esperemos que esto no ocurra en la SD Huesca y se encuentre un nuevo líder capaz de reconducir al equipo hacia Primera.

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