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La cantera no puede ser la solución

Análisis

Tras una sola victoria en doce partidos, el Real Zaragoza se encuentra en un momento crítico en el que la cantera no puede ser la única solución

Arizon y Gracia TOP Post

Con una sola victoria obtenida en el campo (ante el Albacete en el minuto 88 de la jornada 3), el Real Zaragoza es el equipo que menos victorias ha cosechado hasta el momento. La realidad del Real Zaragoza es muy dura, tanto que nunca se había visto en esta situación. Con más de media temporada por delante, el descenso de categoría —y lo que esto podría conllevar para el futuro del club— es una amenaza probable. La falta de recursos económicos y las malas decisiones tomadas desde la dirección deportiva han conformado una plantilla escasa en calidad y necesitada de líderes que puedan echarse el equipo a la espalda en un momento de máxima urgencia para no condenar a los jugadores de la cantera.

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El comodín de la cantera en el Real Zaragoza

El proyecto de cantera que el Real Zaragoza ha llevado a cabo en los últimos años ha sido un salvavidas. Las ventas de Pep Biel y Guti por encima de los diez millones de euros han salvado un par de matchballs en lo que a pagos de deudas se refiere. La presencia de otros jugadores salidos de la Ciudad Deportiva como Vallejo, Soro, Delmás, Nieto, Lasure o Pombo han permitido al club aragonés poder contar con una base ciertamente estable cada temporada. Aunque en momentos distintos, todos ellos pudieron debutar y hacerse un hueco en un ambiente propicio, sin más presión que la de realizar buenas actuaciones junto a compañeros que cargaban con las principales responsabilidades. Sin embargo, en un momento de tremenda debilidad como el actual, resulta incomprensible cargar con presiones añadidas a jugadores que ni siquiera han acabado su etapa juvenil.

Primero fue Baraja, y más tarde Iván Martínez. Ambos eligieron a jugadores juveniles por delante de miembros de la primera plantilla con experiencia suficiente como para cumplir con su rol en el equipo. Francés y Azón, ambos nacidos en el 2002, han disputado cuatro y tres partidos respectivamente. Mientras que Francho y Antonio Sola, nacidos en 2001, ya han debutado con el primer equipo pese a estar disputando su primer año fuera de las categorías base. Lo que en situaciones normales habría sido una grata sorpresa, en las actuales la presencia de tantos canteranos no hace más que evidenciar que la primera plantilla del Real Zaragoza es probablemente una de las peores de la categoría.

La cantera necesita un ambiente ideal

Ante el Tenerife, Baraja cargó a Francés con la responsabilidad de sostener la defensa; a Francho con el rol de organizar el juego, y a Iván Azón con el objetivo de marcar los goles que le dieran la victoria. Ya fuera por necesidad, o como forma de llamar la atención a algunos de sus futbolistas, ese planteamiento fue recogido por Iván Martínez, que ha usado a los tres futbolistas y ha añadido a Antonio Sola como último canterano en debutar con el primer equipo.

La continuidad en las decisiones del nuevo técnico han puesto el foco directamente sobre la dirección deportiva, que ya se plantea rescindir la cesión del ‘Toro’ Fernández. También sobre jugadores con un pasado notable pero que parecen acomodados dentro del club y que no parecen ser capaces de dar un paso adelante en una situación crítica.

Tan solo Francho parece haber cumplido con las expectativas puestas sobre él. Al igual que hizo Guti en su día, el joven centrocampista se ha cargado con la responsabilidad de sostener el centro del campo hasta donde su juventud le ha permitido. Sin embargo, los minutos del resto de canteranos han sido casi residuales. Desubicados en posiciones poco habituales, frente a delanteros con una corpulencia mucho mayor o encorsetados entre centrales quince años mayores.

La cantera ha demostrado ser una vía de escape más que válida en el Real Zaragoza. Lo ha sido en momentos de lucidez, con jugadores de enjundia que les permitieran brillar en un ambiente ideal. Crecer y mejorar fuera de posición y en un equipo a punto de ser desahuciado no es un premio. Es una condena para unos jóvenes cuyo sueño de debutar en el fútbol profesional puede acabar convirtiéndose en una pesadilla.

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