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¡Quién dijo miedo!

De cerca

El central madrileño Sergio Pérez cuenta sus inicios en el balonmano, su relación con su selección y su compromiso con el Bada Huesca

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El central del Bada Huesca Sergio Pérez lleva el balonmano inoculado a su ADN. Viene de familia incrustada en este deporte. Su abuela, Goya, ya jugó. Y de su familia parten las críticas más aceradas. En concreto de su madre, María Ángeles. Recuerda uno de esos partidos de juveniles en los que firmó 12 goles. La alegría por el triunfo colectivo y personal cuando su madre le volvió a poner los pies sobre el suelo. No le convenció su juego. De esa ascendencia balonmanística, su padre, Arturo, hizo la pretemporada en el Arrate con Jordi Ribera. Ahora es entrenador en el ‘Sanse’. Y sus otros dos hermanos, también juegan.

El central tuvo espléndidos minutos contra Nava (conversamos con Sergio después de ese partido y antes del disputado contra Anaita). Un primer acto para enmarcar. Y reconoce, de forma abierta, que en la segunda parte no fue lo mismo. “Me jugué dos acciones que no debía. Se habla, se aprende de lo hecho y ya está”, afirma. Quizá un entrecomillado que sirve para acercarse al madrileño de San Sebastián de los Reyes forjado en el ‘Sanse’.

Un central que reconoce de forma abierta que su primera temporada en el Bada no fue buena, que durante la pandemia trabajó a conciencia para mejorar su forma física y con un psicólogo para afrontar distintas situaciones de juego y para encarar mejor la vida. Sergio Pérez es un jugador de carácter. Convocado con las selecciones inferiores del balonmano nacional, también decidió dar un paso atrás porque vio cosas que no le gustaron, y tomó la decisión de no regresar. «Me trataron mal y me dijeron cosas que no me gustaron, y eso era malo para mí, para mi equipo y para la selección. Sé que tengo opciones para volver, pero no me obsesiona ni pienso en ello. Estoy a tope con el Bada», acota.

Juego con pivote

Mide menos de 180 centímetros y pesa 79 kilos. Poco en un deporte donde centímetros y kilos se dan la mano en abundancia. Y lo tiene claro. Le gusta jugar con el pivote y entrar entre ese amasijo de brazos y piernas que se forman en el centro de la defensa. Lo dice desde sus 20 años y con la sonrisa que se intuye detrás de la mascarilla. “Es que no me queda otra, mi juego es ir a la guerra. No tengo ningún complejo ni miedo”, suelta.

Cuando llegó al Bada Huesca la pasada temporada le pusieron el mote de ‘Picachu’. Cosas del vestuario. Hoy, es Sergio o el ‘enano’. Pues eso. Cosas del vestuario. A los 17 años emprendió viaje a Galicia con su amigo Domingo Mosquera, que este año hizo el viaje Galicia-Aragón. A los dos le  esperaba el Teucro. Sergio fue para jugar en el segundo equipo, entrenar con el primero y buscar minutos entre los mayores.

Sergio, de la mano de ‘Sasha’

El Bada se fijó en él y lo fichó para tres temporadas, plenamente convencido de su potencial y de la confianza en forjar a un jugador con un enorme potencial. En el Bada de hoy habla con admiración de ‘Sasha’ Tioumentsev. “Es compañero y maestro”, dice. “Soy muy pesado, quiero aprender y mejorar y no solo en balonmano. También experiencias y vivencias. Le pregunto y le escucho mucho”, desliza.

Sergio es el mediano de los hermanos. Y los otros dos también juegan. David, el mayor, es extremo y el pequeño, Jorge, -“que viene con mucha calidad”- juega de central y lateral. “Es bastante grandecito y más comparado con nosotros, que somos unos enanos”, suelta entre risas.

Sergio Pérez estudia en Huesca Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, que empezó en Pontevedra, y tiene claro que quiere compaginar los estudios con el deporte a primer nivel.