Diario del Mundial 2026: Barras y estrellas, Estados Unidos se ilusiona en su torneo (9/39)
Estados Unidos ha logrado ser uno de los nombres propios en el inicio de este Mundial. Le favorece el efecto del anfitrión, el impulso del hogar, el aliento de las gradas. Lejos del césped opera un matrimonio de conveniencia, mostrando que en el fútbol el dinero y el poder lo pueden comprar todo. Donald Trump y Gianni Infantino son un ejemplo perfecto. También una pareja extraña y abiertamente interesada.
En esta pieza caben unas pinceladas. Las sombras son tan evidentes que Infantino le entregó un Premio de la Paz a Trump. El mandamás de la FIFA parece el hijo ideal de sus predecesores: con Joseph Blatter y João Havelange en el espejo. El organismo nunca fue ejemplar en la elección de los organizadores y no hay que viajar a otro siglo para entenderlo: Brasil, Rusia, Qatar y Estados Unidos han organizado los últimos cuatro mundiales.
Lo que ocurre es que Trump es distinto a todos los demás. Y si el sportwashing tiene el objetivo de ocultar los defectos y ponderar las virtudes de una nación, Trump utiliza el Mundial como la plataforma para mostrar sus abusos, sus políticas más agresivas y sus posturas más bélicas. Estos son mis errores y habéis venido a verlos. En el torneo que nació para ser inclusivo, ha marcado las fronteras y cerrado sus aduanas. Todo es tan extraño que hasta Mauricio Pochettino, entrenador de la selección americana, se empieza a parecer físicamente a Donald Trump.
Un inicio ilusionante para la selección de Estados Unidos
En ese contexto o en otro mundo paralelo, el juego sonríe a una de las anfitrionas: la selección estadounidense vuela e ilusiona, convencida ya de que el fútbol le ha ganado todas las batallas al soccer. En sus primeras citas del Mundial, ha logrado dos triunfos contundentes: una goleada ante Paraguay y una victoria sostenida frente a Australia. Suma 26 tiros en dos partidos, 6 goles a favor y una media de posesión superior al 60%.
Ayer sobrevivió a la ausencia de Cristian Pulisic, su gran estrella. Y encontró en el engranaje colectivo y en los nombres de Freeman, Richards, Adams, Sergiño Dest o Tillman algunos argumentos para seguir con paso firme. En la primera jornada allanó el camino de la victoria con un doblete de Balogun, una de las apariciones de este inicio. Ya clasificada para las rondas eliminatorias, no habría nada más americano que romper techos en su terreno.
La historia de una selección
La selección estadounidense tiene en el Mundial de 2002 su mayor éxito en este siglo. En Corea y Japón alcanzó los cuartos de final. En 2010, 2014 y 2022 cayó en octavos. Su prehistoria ofrece un resultado mejor, que nunca ha logrado rondar: el tercer puesto en el Mundial de 1930.
Después de siete ediciones consecutivas, en 2018 se quedó fuera del Mundial y la selección abrazó una revolución. Dejó atrás un triunvirato inolvidable -Howard, Dempsey y Landon Donovan- y buscó un cambio generacional.
En ese contexto ha nacido una nueva selección, joven y atrevida, en un punto de expansión también de la MLS. Ese crecimiento se acentuó con la llegada de Messi a la liga en 2023. El poder de atracción del 10 ha sido tal que ha permitido otra conquista: el viaje de las estrellas no tiene que producirse en el declive de su carrera, sino en un tramo de madurez.
El contexto no deja tantas huellas directas en la selección de Pochettino: solo dos jugadores de los que ayer fueron titulares actúan en la MLS (hay más huellas en la Premier o repartidas por toda Europa). Pero permite construir su desarrollo en las fases de formación y una cultura de juego en un país que siempre miró el fútbol como si no fuera suyo. En un contexto marcado por las contradicciones, un patriotismo absurdo y la corrupción en las altas esferas, Pochettino encuentra respuestas en el césped.
La selección estadounidense pretende construir un relato propio en su Mundial. Y, de momento, es una de las sensaciones del torneo.

