Diario del Mundial 2026: Messi abre su último baile con un hat-trick y un estreno legendario (6/39)

Leo Messi inició el Mundial de Argentina con tres goles ante Argelia, horas después de que Mbappé hubiera hecho ganar a Francia con un doblete ante Senegal. Como si la final de Qatar no hubiera terminado, como si el fútbol del 10 no se acabara nunca
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Messi celebra su estreno / AFA

Hemos ensayado tantas veces lo que ocurrirá cuando Messi no esté que a veces nos olvidamos de que Messi todavía resiste. Es un fenómeno habitual, una fórmula de protección ante el dolor. Nos invade una especie de nostalgia anticipada: uno de esos duelos que llega antes que la muerte.

Pero el 10 sigue vivo, alejado de los grandes focos, en un fútbol sin tanta trascendencia. Tiene una última cuenta en su cabeza: el Mundial de 2026 con la albiceleste. El torneo se juega en suelo estadounidense y Messi ha conquistado América en sus tres años en el Inter de Miami, en el club que sí preside Jorge Mas. Salvo que llegara al Real Zaragoza, no hay mejor lugar para su último baile.

El último Mundial del Leo Messi

A solo una semana de cumplir 39 años, despejó cualquier duda en su primer día con Argentina, frente a Argelia. Lionel Scaloni ha formado un grupo a la escala del 10, que juega desinhibida y radiante, como si ya no tuviera nada que perder, convencida de que reparó una deuda histórica en Qatar. No es un equipo redondo, pero sí es un equipo feliz. De Paul brilla como escolta, Enzo Fernández se expresa a través del pase y Romero protege con Lisandro la guarida. En ese contexto armónico, la leyenda continúa. Y sigue teniendo hat-tricks en los pies.

El triplete de Messi ante Argelia pareció hecho a su medida exacta. Hubo un golpeo combado, nítido en su primer tanto. Marcó el segundo en un gol de listo, puro potrero. Y cerró la victoria con uno de esos disparos angulados, perfectos y suyos, que duermen en las esquinas. Pase a la red, dijeron algunos. 

Luca Zidane, hijo de otro distinto, decidió ser cómplice y no estropear la fiesta de Messi. Tampoco el colegiado, que le perdonó una expulsión clara en el nuevo testamento. 

El triunfo de Argentina llegó en una jornada que puso en el centro del escenario a las grandes estrellas. Erling Haaland había marcado dos tantos en su estreno mundial. Francia venció a Senegal con el talento de Olise y un doblete de Kylian Mbappé.

Restaba la réplica de Messi, como si la final de Qatar todavía continuara, como si su fútbol no se fuera a acabar nunca. Él decidió robarnos el sueño en la madrugada española, en la noche de Kansas. Diez minutos más, dijimos algunos. Y no tardaremos en asumir que mereció la pena, que la resaca de hoy será feliz. 

Un baile inolvidable 

Sin duelos ni traumas en Argentina, Messi saborea su último mundial. Ayer cumplió 200 partidos e igualó a Klose como el máximo goleador de los mundiales. Convertido ya en un playmaker, en los partidos de Argentina se juegan dos encuentros paralelos. Uno lo juega Leo Messi y otro lo juega el resto. Y en los partidos de la albiceleste resulta complicado no mirar otra cosa que no sea él. Tiene sentido: si el partido de los otros no cambia demasiado el suyo, el suyo sirve para resolver el de todos los demás.

Leo toma perspectiva, camina, analiza y escanea el paisaje. Si el fútbol se desarrolla a alta velocidad, él elige un ritmo propio, el freno y la aceleración, la burla y el truco. Muchos tienen un reloj pero solo él para el tiempo. Messi gobierna el partido, se integra a través del pase y acelera, clínico en su definición, preciso desde la media luna.

Messi sigue contando un cuento en cada regate. Y quiere que su último baile sea inolvidable.