El duelo ante el Granada puede marcar la historia del Real Zaragoza
El Real Zaragoza pone ya su horizonte en Granada, en la enésima bola extra de la temporada. Después de caer de nuevo al agua en las últimas jornadas, el Cádiz le ha reservado una opción de fin de curso. Su tiempo perdido lo han aprovechado CD Mirandés y SD Huesca, pero el viernes restará una opción en la recámara. ¿Alguien se atreve a decir que es la última bala?
Las opciones de salvación son cada vez más remotas. La razón es simple: no hay victorias que contar en las últimas cinco jornadas. Un equipo con el lastre que arrastraba el Zaragoza no puede permitirse acumular un mes sin ganar. Solo en una liga como esta cabría una mínima esperanza.
Cuestión de fe
El secreto para creer reside en el propio fútbol, en esa chispa que brota a veces desde un lugar que nunca llegamos a imaginar. También a partir en una competición bipolar e inexplicable. Hay motivos para no verlo. Y en ese contexto solo quedan dos opciones: la fe o la rendición.
La plantilla del Real Zaragoza está herida, próxima a su derrota. Ha ofrecido el peor nivel de siempre. Fue frágil muy a menudo, un equipo perdedor y desesperado en el día de la verdad. Y eso que hubo muchos.
El foco arbitral admite muchos puntos perdidos, algunas metas volantes que el Zaragoza ha recopilado esta semana. Hay motivos para rumiar un enfado, en materias grises y días claves. Pero los errores arbitrales no pueden resumir toda la clasificación general.
Las cicatrices del Real Zaragoza
El Real Zaragoza tendrá que recomponerse a la velocidad de la luz: con solo tres días puros de entrenamiento en la semana. Debe hacerlo después de una caída dolorosa, con el terremoto de Esteban Andrada y tras una derrota plagada de cicatrices. El fútbol no tiene memoria, se suele decir. Pero hoy le pide al Real Zaragoza amnesia para afrontar el duelo en El Modular.
El equipo siempre jugó mejor cuando todo parecía perdido y ese es el punto en el que ahora está. La clave reside en un matiz perverso. El Cádiz le prestó la vida que ahora tiene. Pero solo una victoria ante el Granada le puede dar opciones a su milagro. Todavía depende del Zaragoza. Y eso es bueno y malo al mismo tiempo.
Enfrente estará un Granafa que tiene a un paso su salvación virtual. Acumula dos derrotas contundentes, frente a Albacete y Almería, con 8 goles encajados en dos encuentros. Pero cuya mejor virtud coincide con el mayor defecto del Zaragoza en este punto: la calidad física.
Un duelo vital
El Zaragoza es hoy un equipo frágil, en el ánimo y en el fútbol, que necesita olvidar lo que perdió y recordar lo que hizo bien para ganar. Debe encontrar secuencias positivas en el inicio del encuentro, simplificar los caminos y dar los primeros golpes del partido.
Puestos a elegir una sola cosa, queda otra nota: hay que encontrar a Rober. Muchas veces. Solo así podrá creer en una batalla que ha parecido perdida los domingos y que el lunes se encargó de transformar.
La historia del Real Zaragoza puede definirse en dos días, ante el Granada, en otro partido de la verdad. La cita que siempre dejó escapar antes y, por tanto, la oportunidad para que el viernes todo pueda cambiar.

