Diario del Mundial 2026: Ayyoub Bouaddi y la Brasil de África

Brasil y Marruecos empataron en la primera gran cita del Mundial. Brasil ha perdido su tradición y se encontró sus defectos en el otro lado del espejo: los mediocampistas de Marruecos son mucho más brasileños

Brasil y Marruecos se enfrentaron en el primer gran partido del Mundial. Todo acabó en empate, en un partido lento, que se resolvió con dos goles rápidos y bonitos. Marruecos se adelantó a la carrera con Saibari, tras un pase medido de Brahim. Y Vinicius firmó las tablas poco después en una jugada hecha a su medida, marca registrada. El gol del 7 no sorprendió tanto como la aparición de uno de sus rivales. Ayyoub Bouaddi, con 18 años de puro talento, firmó una de esas actuaciones que cambian las carreras.

El fútbol reunió dos aspiraciones antagónicas. Brasil quiere volver a ser lo que fue, recuperar el trono que perdió hace cinco mundiales. Marruecos busca la pista que encontró en Qatar. En ese contexto de pura oposición, a nadie le extrañó que el resultado más natural pudiera ser un empate. Especialmente llamativo fue el cauce que siguió el juego: el cambio de papeles. Brasil miró al otro lado del espejo y se topó con la virtud que perdió hace tiempo. 

La canarinha no se encuentra

Brasil arrastra un problema estructural desde hace tiempo: la pentacampeona ha dejado de vencer. Vive abrumada por su pasado, herida, alejada de su piedra filosofal. Sus últimos triunfos, lejanos ya, confundieron a generaciones y modificaron la mitad del secreto. Brasil siguió fabricando grandes extremos y estupendos atacantes, pero traicionó a los mediocampistas que le situaron en la cima. Clonó Dungas, Gilbertos Silvas, Felipes Melos, Casemiros y un largo etcétera en el que ahora se encuentra Fabinho. Se olvidó de que una vez la llave estuvo en Zico, Clodoaldo, Gerson, Sócrates Tostão. Y como siempre parecieron irrepetibles, nunca supo repetirlos.

Al 10 de este tiempo lo acunó en el último tercio y lo orientó a la banda. Le obligó a trasladar el eje del juego a un sector en el que tiene dos marcas: el rival y la raya. Neymar, que fue mucho en Qatar, puede quedar para la historia como un rey sin corona. Llega lesionado, fuera de forma, en busca de un milagro del tiempo. Mientras tanto, Vinicius toma su testigo. Lo hace a su manera: es uno de los mejores regateadores del mundo, pero nunca será un armador de juego.

Marruecos, la Brasil de África

En ese contexto, ayer se alcanzó una paradoja: los mediocampistas de Marruecos fueron más brasileños que los que pudo elegir Ancelotti. Onuahi sirve como paradigma y Bouaddi, Brahim, Talbi o El Aynaoui encajan en ese molde. Puestos a comparar, hasta Achraf Hakimi se parece más a Cafú que cualquier lateral brasileño. Despreciada la tradición, el fútbol de la canarinha remite cada vez menos al origen de todo: favela o playa. Como si las imitaciones estuvieran hoy mucho más cerca de la fragancia que la marca original.

A cambio, en el primer gran cartel del torneo, vimos en Marruecos a la Brasil de África. Y todos apuntamos en nuestra lista el primer amor del verano, la primera gran actuación del torneo. Un mediocampista de 18 años, con pinta de artista bohemio, mostró qué es exactamente lo que le falta a Brasil desde hace tiempo. Ayyoub Bouaddi asombró al mundo en New Jersey.