Diario del Mundial 2026: España pincha en su estreno mundial ante Cabo Verde (5/39)
El Mundial es un fenómeno en nuestras vidas. Y da la sensación de que empieza muchas veces. Ninguna tiene la trascendencia del debut para nuestra selección, anulada ayer por la humilde Cabo Verde.
España defraudó en su debut y viajó al pasado: con Rusia y Marruecos en el espejo, ante una selección menor en esta ocasión. Jugó de pie a pie, sin profundidad ni colmillo, obtusa y embotellada. En Atlanta, el combinado de Luis de la Fuente repasó la letra, pero olvidó la canción.
Un mal estreno
El fútbol fue pesado, lento y previsible, sin bandas ni regate. La España de los extremos perdió su identidad, con la aparición de Gavi en el perfil, con un pelotón de jugadores que cogieron ticket en la calle del medio. Allí coincidieron todos, como en un metro en hora punta, sin inquietar demasiado a un portero que hizo historia a su manera.
Josimar José Évora Dias, más conocido como Vozinha, se convirtió en el guardameta más veterano de la historia de los mundiales en dejar su portería a cero. Lo hizo en su estreno en una Copa del Mundo, con 40 años, en una prueba de que el fútbol no tiene prisa, pero siempre tiene premio. El empate y la sorpresa se explican mejor a partir de sus siete paradas.
Made in Cabo Verde
La historia de Vozinha representa el valor de los modestos en este juego. Y fue el perfecto reflejo de una nación exótica y alegre, con el baile como lengua materna. Cabo Verde decidió encomendarse ayer al espíritu gremial y el sentido de trabajo. Su lema -No Stress- no servía para esta cita. Pero había que recordar un secreto de su propia cultura.
En las calles de Santiago, Santo Antão, Boavista o la Isla de la Sal, los caboverdianos construyen sus casas piso a piso, paso a paso. Mientras recaudan el sueldo para la planta superior, viven con normalidad en la inferior. Es una hipoteca física, sin castillos en el aire. No suele haber bancos que respondan por la clase obrera, masacrada por la pobreza y la explotación. Así, paso a paso, piso a piso, construyó su empate Cabo Verde ante España.
El tropiezo de una favorita
La selección española fabricó embudos y jugó al paso, con demasiados toques y muy pocos regates. Rodri fue incapaz de darle agilidad al juego, los intentos de Fabián acabaron en ninguna parte y todos los disparos de Ferrán fueron mansos. Todo el mundo reparó en una estadística: Oyárzabal no tocó un solo balón en la primera media hora. Pero no tuvo en cuenta otras dos tan importantes. España no contó regates hasta muy tarde y Cabo Verde solo necesitó una falta en todo el encuentro.
Pedri ofreció algo de luz y fue el único que jugó a otra cosa. Lo hizo a pesar de De la Fuente, que sigue sin comprenderle y le ubica mal, a un mundo de la base. En tramos muy concretos, pudo girar sobre sí mismo, ofrecer soluciones y despejar la x. Pero aunque estuvo a mucha distancia de los demás, también Pedri estuvo lejos de sí mismo.
A la espera de Lamine Yamal
Quizá él, como toda la selección, jugó mirando al banquillo. De la Fuente fue incapaz de dar soluciones concretas, con extremos que no lo fueron, con laterales que jugaron siempre hacia atrás. Todos esperaban la llegada de Lamine Yamal, el truco final. Y él apareció como un príncipe, lleno de lujos hasta cuando viste de corto, con magia en su zurda y un don para el regate.
En el tiempo que tuvo dribló 5 veces, mucho más que el resto de los futbolistas. Planeó las mejores ocasiones, generó superioridades para los demás y levantó al público. Le faltó explosividad, quizá un cierre o alguien que completara sus frases. Y puestos a examinar su partido, quedó la sensación de que el efecto de su entrada fue mayor en el estadio que sobre el césped. Si España jugó mirando el banquillo, quizá Lamine jugó demasiado pendiente de la grada.
Así acabó el estreno, con un empate triste y decepcionante. El Mundial es un laberinto y una prueba constante, en el que las historias se escriben en el presente, sin castillos en el aire. Piso a piso, paso a paso.

